BLANCA NAVIDAD

Por jpgalan, 26 Diciembre 2011 12:31

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Cuando se ve por primera vez el Planeta de los Simios, la película que dirigió Franklin J. Schaffner (Papillon, Patton…), basada en la novela homónima de Pierre Boulle (quien también escribió El Puente sobre el Río kwai), es imposible no sobrecogerse con su espectacular y turbador final: el siempre magistral Charlton Heston (Taylor) clamando y maldiciendo en una idílica playa; y poco más se puede contar para no desvelarlo. Tendemos a pensar que, a fuerza de ser un clásico inexcusable, todo el mundo la ha visto.

No obstante, la historia en su totalidad, salvando los anacronismos que pueden apreciarse en una cinta que data de 1968 y, con las licencias que deben permitirse a todo relato de ciencia_ficción, resulta muy bien estructurada, en su desarrollo, y bastante sugerente, en su argumento:

Una nave espacial lanzada desde la Tierra se ve obligada a realizar un aterrizaje forzoso en un planeta desconocido. Al principio éste parece desértico, pero tiene atmósfera y un clima adecuados; repentinamente, la tripulación de la nave se ve envuelta en una cacería (espectacular escena) donde un grupo de seres de apariencia humana son hostigados por otros de rasgos simiescos que los apresan. A continuación se va desvelando que este planeta, está dominado por unos simios muy evolucionados y que tienen sometidos a los humanos, quienes no tienen capacidad de hablar. Así, se presenta esta sociedad altamente jerarquizada por razas: los chimpancés son científicos, los gorilas son guerreros, los orangutanes son políticos y sacerdotes, y los humanos, esclavos. En ella, Taylor (ya único superviviente) pasa a ser considerado un espécimen raro que unos quieren estudiar y otros, porque pone en crisis el dogma existente, sencillamente, eliminar.

Este año, en Huelva, la Navidad ha sido blanca y no de nieve. Ha aparecido otro blanco más sucio y lleno de impurezas. Predominante este color en la infinidad de bolsas de plástico que amanecieron en calles de nuestra ciudad y no fueron retiradas hasta bien entrada la tarde; todas ellas mezcladas con cristales, papeles, licor, orines, vómitos y otras historias.  Se ha convertido esto en una costumbre, que algunos reclaman elevar a categoría de tradición, de saltarse la ley (las autoridades) y el razonamiento (los autorizados), en fechas señaladas y en otras no tan marcadas (¡cómo si necesitaran excusas…!).

Nunca fue santo de mi devoción el mal llamado botellón. Participé en algunos contados en mi adolescencia pero, en ese tiempo no tan lejano, era algo que se hacía con cierta reserva y clandestinidad, nos íbamos por los cabezos y las penumbras. Después llegó Pablo Rada (y no sé qué medió para tal eclosión) y yo ya estaba en Sevilla, en la Universidad donde, en pleno campus había todos los viernes “barrilada” y varias veces al año “fiestas de la primavera” (aunque no tocara), hasta que algún rector con un par de güev… neuronas, dijo que la Uni no está para patrocinar borracheras sino conocimiento y eso se acabó (aunque después evolucionara a otras historias). Quizá no lo entienda porque siempre vi este fenómeno desde la distancia.

Pasé por La Merced a las dos de la mañana y ya la escasa policía se hallaba superada y apenas era capaz de evitar el colapso del tráfico. En el embotellamiento (el de tráfico, no el otro) voy observando personajes desfilando: tres chicos en mangas de camisa (con sus abrigos metidos en bolsas de plástico blanco a razón de 40º cada uno), una chica apenas capaz de andar, en plena lucha contra la alianza establecida en su contra por unas plataformas más altas que ella y una minifalda más corta que sus entendederas (me imagino cómo acabaría tras dos horas, cuando el alcohol ablandara su empeño…); todos ellos, supongo, salieron un rato antes de un lugar al que llaman casa donde habitan seres a los que llaman padres (o tutores…).  Doce horas después, recorro, sobrecogido y turbado, la plaza y sus alrededores después de la batalla y la desatención de los servicios de limpieza quienes, en una labor encomiable, suelen ocultar al alba tanta inmundicia, camuflada en la nocturnidad, para que a la generalidad de la población no se le caiga la venda de los ojos. Esta vez no ocurrió y debería haber un responsable que asumiera su culpa.

Al final, no sé si el hedor ya llegaba a la zona noble de la ciudad (donde esto, a buen seguro, no se consentiría) o algún político tuvo que bajarse él mismo del Audi (ya que el chófer estaba de permiso) a desenredar de sus bajos (los del coche) una bolsa de hielo; pero lo cierto es que, finalmente, el tema quedó enjuagado por la tarde.  Tampoco sé si la demora se debe a conflictividad laboral o a falta de pagos, pero, la verdad que, como ciudadano, no me importa (yo pago igual mis impuestos y subiendo…). Como persona, digo, merece mi total admiración cualquiera que esté trabajando mientras los demás estamos de fiesta y su labor, impagable.

Un hecho, por añadidura, preocupante es el arco de edades que vienen cubriendo los participantes de la piara, y que cada vez se abre más: desde los quince a los treinta años, unos por precoces, otros por “tiesos” y descerabrados. Y yo me pregunto: ¿qué han hecho los vecinos para merecer esto?

Se llegó hace años a la redacción de una Ley, que daba por sentado el fenómeno del botellón y condenaba a sus participantes, al exilio, al lazareto del apestado, a deambular por descampados de extrarradio (aunque en Huelva, los artistas de la planificación, los hayan dejado en la zona del puerto, con corte de tráfico de una de las avenidas principales de la ciudad incluido). Ello, sin entrar a valorar la raíz del problema y es que el alcohol está grabado a fuego en nuestra sociedad y tiene un valor específico importante en el PIB (de ahí que al vino se le llame ahora “alimento” y a las tabernas, “vinotecas”).

Por otro lado, puede que esta regulación mediocre (como la mayoría) no sea más que una manera de seguir manteniendo a la plebe en sus rediles. Al fin y al cabo, si estás borracho no te preocupas de pedir trabajo, vivienda o igualdad de oportunidades; y los más pánfilos se contentan con ganarle ridículas batallitas al sistema, como ensuciar la calle o romper cristales, mientras llevan toda la vida perdiendo la guerra.

Y en este planeta, los simios, sofisticados y dogmatizadores, pero simios, esclavizan a los humanos, quienes parecen haber perdido el habla y la voluntad.  ¿Quién dijo ciencia-ficción?

(Para ver fotos) http://huelva24.com/not/13489/el_dia_despues_/

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Gatopardos

Por jpgalan, 5 Septiembre 2011 16:22

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Tomando por título el de la novela original, escrita Giuseppe Tomasi di Lampedusa apenas cinco años atrás, Luchino Visconti dirigió la película El Gatopardo (Il gattopardo, 1963). La historia gira en torno a la figura, profunda y dominante de Don Fabrizio, Príncipe de Salina (magníficamente encarnado por un maduro Burt Lancaster), narrando la historia de su familia desde la invasión de Sicilia por las tropas de Garibaldi (1860) y hasta su propia muerte (1910).  Un periodo de transformaciones, desde el Antiguo Régimen hasta el siglo XX, que el sabio Príncipe sabrá gestionar, manteniéndose a distancia de los cambios y adaptándose a ellos para perpetuar su influencia, sobreviviendo como el último de una clase decadente.

Para alejarse de los disturbios, la familia se refugia en su villa de campo. Hasta allí se desplaza el joven Tancredi (Alain Delon), el sobrino predilecto de Don Fabrizio, que simpatiza con el movimiento liberal de unificación y marcha a luchar con los camisas rojas. A su vuelta, surge el amor con Angelica, la bella hija del alcalde (Claudia Cardinale), un representante de la nueva clase burguesa dominante, tan rico como inculto.  Ambas familias acuerdan la unión, saliendo ambas así reforzadas (a pesar de que la muchacha no es del agrado de los Salina, aunque a Don Fabrizio le simpatiza, quizás con cierta envidia, la espontaneidad y salvaje belleza de su nueva sobrina).

A través de la fotografía exquisita de Giuseppe Rotunno, la profusa escenografía de Mario Garbuglia y el fastuoso vestuario realizado por Piero Tosi; Visconti narra, con gran atención al detalle y largas tomas que se mueven con delicadeza desde el plano corto al general y viceversa; esta historia de transición entre dos mundos, con un casting especialmente inspirado y un resultado realmente redondo (desde las escenas intimistas donde la dirección de actores es espléndida hasta las más generales donde se exhibe gran precisión en el manejo de coreografías). Especialmente brillantes son el plano secuencia de la batalla en Palermo (con multitud de extras en acción) y la larga escena de la fiesta final donde, con un diseño de producción brillantísimo, vemos a un gallardo, a pesar de precaria salud, Gatopardo -Burt Lancaster- ofreciendo su canto del cisne en un vals con Angelica (una pieza perdida de Verdi recuperada por el inefable Nino Rotta, quien compuso la encantadora música original de la película), como metáfora del relevo generacional y el cambio social venidero.  Conmovedora resulta entonces la contemplación en la biblioteca, por parte de Don Fabrizio, del cuadro de GreuzeLa morte del giusto” , intuyendo ya su propio final.

Pensaba yo esto mientras sigue candente el asunto de la reforma de la Constitución y confieso que no termino de asentar una opinión definida al respecto. Tal vez porque la forma de plantearse el asunto no esté clara, tal vez porque para todos son convulsos estos tiempos en los que unos toman decisiones drásticas (a grandes, males grandes remedios) y otros adoptan la técnica del avestruz (siempre que llueve, escampa).

Yo no tengo claro que sea necesario un referéndum, y me explico: por concepto pienso que todo cambio constitucional debería ir refrendado por una consulta popular pero no lo fueron los tocantes a la entrada a la Unión Europea o la sucesión a la Corona.  También pienso en lo que cuesta montar una campaña electoral (o “referendoral”) y que no estamos para dispendios (claro, que uno más…).  Aunque, como solución intermedia, no vería mal, por aquello del ahorro, que coincidiera con las elecciones; aunque ya saldrán los puristas a defender la singularidad e importancia de este hecho como para ponerlo de telonero en el concierto.

Por otra parte, dicen los sabios que la “Carta Magna” (qué bien sonaría el título si se consiguiera todo lo que ahí se pretende, al menos lo básico, lo de la igualdad y todo eso), es una verdad suprema que no puede ni rozarse, cuanto más cambiarse.  Yo digo que es texto muy bien armado que lo redactaron una serie de personas, muy doctas eso sí (pero personas), en una España que dista mucho de parecerse a la actual y que, si hay que cambiarla pues, con todo el cuidado y el consenso posibles, pues se cambia.

Y aquí llegamos al asunto del consenso: este amor de verano entre PSOE y PP.  Como todos los amores estivales, ha sido repentino y apasionado, tortuoso y exultante; y, presumiblemente, tan efervescente en su surgir como será en su final (recordemos que tenemos elecciones a la vuelta de la esquina).  En apenas quince días se ha llegado al acuerdo de cambiar el artículo 135 y poner techo a la deuda pública. ¿Pero por qué tanta prisa en introducir una reforma que va a ser efectiva en 2018? Ya puestos (desde mi ignorante lógica), podríamos aplicarla en uno o dos años, porque de aquí a 2018, todos calvos… Dicen que para transmitir confianza a los mercados y los inversores, cosas de economistas. Ya podían haber hecho más política mucho antes y haber consensuado otros muchos temas, en vez de tanta trinchera absurda, por el bien de todos.

Pero los chavales no consiguen la aprobación de la familia a su idilio, no consiguen el apoyo mayoritario del Congreso: los nacionalistas, que tanto han abogado por la gobernabilidad en otras ocasiones (cuando sacaban tajada, claro), ahora no quieren saber nada del tema y siguen, erre que erre, a lo suyo, a hablar de su libro: PNV, …que ya de paso, hablamos de la independencia política; y CiU, …que mi techo de gasto me lo pongo yo, o sea, de la independencia económica. Sencillamente ridículo.

Caso aparte es el de IU, que trata hábilmente de atraer para sí el terreno conquistado por el 15-M y pide el referéndum, como mal menor, aunque llena el discurso de profecías sobre recortes en gasto social. Pero ¡alma de cántaros!, si el primero que no quiere recorte social soy yo, ahora bien, ¡es que nos gastamos el dinero que no tenemos!. Por otro lado, bien es cierto que seguro, segurísimo, que podemos recortar gastos en otras cosas menos básicas (por ejemplo, el montón de cargos políticos altamente remunerados que hay en este país o la cantidad ingente de dineros que se emplean en programas de promoción de no sé qué o la insana costumbre que tienen nuestros dirigentes de gastarse el dinero que no tienen; todo ello a nuestra costa).

Decía el protagonista de El gatopardo, cuando rehúsa ser nombrado senador de la nueva Italia: Se vogliamo che tutto rimanga come è, bisogna che tutto cambi (”Si queremos que todo siga como está, es necesario que todo cambie”).  Nuestros políticos, como un buen gatopardo, se adaptarán para que todo siga igual, para seguir administrando el poder y los dineros, para seguir alimentando a la camada, para no perder su privilegiada posición. Cuando toque ser amigos, lo serán y cuando toque vocear, gritarán.  Pero Sicilia (el pueblo, en clara metáfora), resignada, lo asumirá.

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ATRACO A LAS 3

Por jpgalan, 3 Junio 2011 13:19

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Fernando Galindo: un admirador, un amigo, un esclavo, un siervo”.  Esta retahíla le suelta, entre babosas reverencias, rastrero y esperpéntico, cuando entra, a la atractiva Katia Lorenz (la vedette de los 60, casi interpretándose a sí misma), en la sucursal del banco en que trabaja con ahinco, el personaje que interpreta magistralmente el tristemente desaparecido José Luis López Vázquez, en la película Atraco a las Tres (José María Forqué, 1962). Leer más sobre 'ATRACO A LAS 3'»

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25 AÑOS NO SON NADA

Por jpgalan, 2 Mayo 2011 21:07

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En los años treinta,  en unos Estados Unidos sumidos en la profunda crisis que dejó tras de sí el desastre especulativo bursátil del 29, mucha gente pasa verdadera hambre. Aquí se desarrollan las novelas de John Steinbeck. Con este trasfondo surge la moda de los maratones de baile: mórbidas competiciones a las que acuden desahuciados e infortunados, desesperados en busca de un ansiado premio en metálico para los ganadores y, al menos, cobijo y comida para los participantes mientras dure el esperpéntico espectáculo; contemplado éste por un cínico público que se regocija, enfermizo, de la lucha hasta la extenuación de estos desgraciados. Leer más sobre '25 AÑOS NO SON NADA'»

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´MAGGIE´

Por jpgalan, 24 Marzo 2011 17:36

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En el día de ayer falleció, a la edad de 79 años, Elizabeth Taylor: gran mito del cine del siglo XX y actriz cuyo gran talento se impuso sobre su gran belleza, su complicada vida en el seno de los grandes estudios (a los que llegó siendo una niña) y sus numerosos matrimonios, siempre tortuosos. Leer más sobre '´MAGGIE´'»

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BAJARSE AL MORO

Por jpgalan, 16 Marzo 2011 12:40

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Coincide que recientemente he visto varias películas de eso que se llamó Comedia Madrileña, un cierto género que surgió en el cine español a finales de los 70 y se mantuvo en toda la década posterior, con actores fetiche como Antonio Resines y Carmen Maura y directores señeros como Fernando Trueba, con obras como Ópera Prima (1980) o  Sé infiel y no mires con quién (1985); Fernando Colomo, con ¿Qué hace una chica como tú en un sitio como éste? (1978) o La vida alegre (1987) o el mismo Pedro Almodóvar, ¿Qué he hecho yo para merecer esto? (1984). Casi todas ellas en tono de comedia ligera y desenfadada, bastante irreverente, con cierto aire pseudointelectual y postmoderno, y rodadas con el fondo del Madrid de Tierno Galván, recién estrenada la democracia y en un ambiente bastante progre. Posteriormente todos estos directores siguieron caminos diversos y casi renegaron de sus comienzos (salvo quizás Colomo que ahondó en su estilo, más depurado, en los años 90 con películas como Allegro ma non troppo o El efecto Mariposa, que tuvieron éxito de crítica y público y recuerdo que hasta marcaron de cierta forma en mi entorno universitario). Pero ahí quedó este puñado de películas que quizás convenga, en estos tiempos de pesimismo y crisis de valores, revisar, aun con la prevención que da el paso del tiempo (la estética de la época puede resultar mortal…), para encontrar un cierto respiro.

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NAVIDAD DE CUENTO

Por jpgalan, 24 Diciembre 2010 20:35

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Reflexiono un rato, extrañamente a solas (no por mucho tiempo, hoy no es el día), unas horas antes de Nochebuena, sobre este acontecimiento que cada año, más allá de su sentido religioso, que llamamos Navidad: para unos, sentimiento; para otros, familia, vacaciones, para muchos; trabajo, para pocos… muchas facetas en definitiva. Leer más sobre 'NAVIDAD DE CUENTO'»

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GENTE ´BIUTIFUL´

Por jpgalan, 9 Diciembre 2010 11:00

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Este Puente, ante la pertinaz lluvia y en consecuencia con el Estado de Alarma vigente provocado por los privilegiados controladores aéreos, he salido poco de casa y así, he estado visitando las vidas de gentes en los extremos.  No hablo de gente de países lejanos con climas extremos y culturas ajenas, me refiero a vidas que se desarrollan vecinas a las nuestras, probablemente nos tropezamos con ellas casi a diario, incluso llegamos a verlas cuando apartamos la vista de nuestro ombligo, aunque por lo general pensamos que nos pillan de paso y no van más allá de llenar algunos minutos de cine o TV. Leer más sobre 'GENTE ´BIUTIFUL´'»

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LA VIDA DE LOS OTROS

Por jpgalan, 10 Noviembre 2010 19:55

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Me resulta increíble y, sin embargo, lo entiendo, que cientos de horas a la semana que se convierten en millones cuando las multiplicamos por cada una de las vidas que las gastan, se empleen en contemplar, husmear, mordisquear, destripar, devorar y, finalmente, excretar; las vidas, reales o inventadas, de otros seres que desfilan por TV y demás medios de colonización mental, a cualquier hora y de manera, parece, interminable. Leer más sobre 'LA VIDA DE LOS OTROS'»

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¿EL CRISTOBITA NACE O SE HACE?

Por jpgalan, 29 Septiembre 2010 21:49

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Una de mis películas favoritas de siempre ha sido Big (dir. Penny Marshal, 1988).  No es raro que vuelva a verla de cuando en cuando y aún me sigo riendo y enterneciendo con la historia, sencilla pero narrada con gran imaginación y naturalidad desde la óptica de ese niño al que se le hizo realidad ese deseo que, seguro, todos hemos tenido alguna vez: “quisiera ser mayor”. Leer más sobre '¿EL CRISTOBITA NACE O SE HACE?'»

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