LA PARTE CONTRATANTE…

Por , 12 julio 2009 22:59

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Leyendo acerca de Groucho Marx he descubierto recientemente un texto que el irrepetible genio, tanto por sus películas como por sus aforismos (como su epitafio “disculpen que no me levante”), escribió acerca del Crack del 29 donde, de forma sencilla y magistral, explica para profanos el porqué de toda aquella locura (ver http://es.geocities.com/estoydebolsa/articulos/Groucho1929.html).
Obviamente, en la actualidad existen mecanismos que controlan la bolsa impidiendo batacazos como el de aquellos días (falseando así el “libre mercado“), pero la situación de especulación desmedida seguida de crisis e incertidumbre, bien puede asemejarse a la que vivimos en nuestros días.Por supuesto, dado que la ambición y la estupidez humana no tienen límites (mea culpa), esta situación ha tenido lugar en varias ocasiones a lo largo de la Historia y no hemos aprendido nada. Un caso inconcebible fue el Crack del Tulipán que tuvo lugar en Holanda (la nación más rica de la época) hacia 1637 cuando la bolsa de Amsterdam quebró al caer en picado el infladísimo y hasta entonces en ascenso imparable, valor de cambio de los ¡¡tulipanes!!.  También la Burbuja inmobiliaria de Japón de principios de los 90 (prácticamente calcada en su proceso a la nuestra, esperemos que no en sus consecuencias pues en Japón el precio de las viviendas no ha repuntado hasta 16 años después). El mito de Icaro se repite y el joven vuelve a perder las alas que le fabricó su padre Dédalo (arquitecto, mire usted por donde…) volando demasiado alto.
Groucho explica en su reflexión cómo la gente se volvió loca esos años anteriores al Crack simple y llanamente porque habían descubierto la forma de ganar dinero sin trabajar con sólo comprar acciones en la bolsa (el incremento de su valor estaba “garantizado”).  En este país nuestro, con la especulación inmobiliaria, ha ocurrido, en mi opinión, el mismo hecho.  Aunque urbanistas, constructores y políticos han promovido interesadamente esta bola de nieve, creo que han sido los españolitos de a pie los que la han engordado para poder convertir el sueño en realidad: ganar pasta sin doblarla. De esta forma, hasta el más pintado ha aprendido a conjugar un verbo nuevo y mágico como el tónico que curaba todos los males y que, hasta hace una década significaba sencillamente “dar la vuelta“: INVERTIR.

Si tuviera que quedarme con una película de los Hermanos Marx, sin duda, sería Una Noche en la Ópera. La primera película que realizaron para la Metro, en 1935, dirigida por el meticulo Sam Wood (quien también codirigió sin aparecer en los títulos de crédito Lo Que el Viento se Llevó) y donde Groucho, Chico y Harpo aparecen ya sin Zeppo. Esta película ha dejado entre nosotros situaciones inolvidables y hasta escenas que han dado lugar incluso a frases hechas que forman ya parte de nuestra lengua (como la famosa del “camarote de los Hermanos Marx”).
La historia narra cómo una rica viuda de provincias, protagonizada por la paciente señorona Margaret Dumont (constante secundaria de lujo de las películas de los Marx), para ganar enteros dentro de la sociedad comprende que la mejor manera es convertirse en mecenas artística y, asesorada de manera torticera por Groucho Marx, quien sólo pretende timarla, se dispone a comprar un teatro y patrocinar una compañía de ópera. Para ello tratan de encasquetarle un famoso tenor en horas bajas quien, no obstante, pretende un caché muy por encima de lo razonable y tan interesado como rastrero. Mientras, Chico y Harpo se las arreglan para ayudar al joven secundario Roberto Baroni a ascender a solista, sabedores de su talento infravalorado y eclipsado ante el tenor Lasparri, quien sólo aporta nombre.
Los ya clásicos y tan logrados números musicales, (aquí incrementados dado que la película se desarrolla en torno al bel canto), con Chico al piano y Harpo al arpa; se entremezclan con algunos de los mejores y más trepidantes diálogos:  ¿Quién no recuerda cuando la chica de la manicura entra en el atestado camarote y le pregunta a Groucho si quiere que le deje las uñas largas o cortas y éste le responde “déjemelas cortas que aquí ya va faltando sitio”? o ¿cuando  Gruocho ordena al camarero la copiosa cena y tras cada plato que pide va Chico desde dentro diciendo “y dos huevos duros” seguido de un bocinazo de Harpo?. Desternillante en todo momento. En fin, si hay una escena inigualable es la de la Parte Contratante de la Primera Parte será considera como la parte contratante de la primera parte…” (no dejen de buscarla en YouTube), el genial diálogo entre Chico y Groucho, donde van deconstruyendo ese maravilloso contrato de representación: ¡¡ese sí que es un contrato, deberían dedicarle un tema en las oposiciones de notaría!!.
Decía David Trueba en su presentación del libro-película para la colección de Cine Clásico que acompañaba al diario El País hace unos años, algo así como que una sociedad donde no hay un Groucho Marx necesariamente, se convierte en mediocre. Yo estoy de acuerdo. Oportunamente, aún nos quedan sus películas y libros.

MAÑANA MÁS

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6 Responses to “LA PARTE CONTRATANTE…”

  1. Keiko dice:

    jpgalán: Comparto tu opinión sobre los hermanos Marx y sobre la película. No todo el mundo entiende este humor genial y absurdo, de hecho la inclusión de los números musicales y de una tierna historia de amor se debía a este motivo, así se aseguraban que acudiera más público a las salas de cine. Si no recuerdo mal, la propia Margaret Dumot no comprendía las escenas que representaba con Groucho, por su personalidad realmente ingenua, facilitando el “juego dialéctico” que vemos en pantalla.

  2. jpgalan dice:

    A Keiko:
    Sí, desde luego el sentido del humor de los Marx no es para todos los paladares, pero no creo que sea difícil. Es cierto que la Dumont, muy señora ella dentro y fuera de la pantalla, no soportaba las jugarretas que le aplicaba Groucho, también durante los rodajes.
    Te invito a que hagas el ejercicio de ver la peli en versión original (aunque a mí me resulta complicado dada la velocidad con la que hablan) ya que algunos de los chistes difieren de la versión doblada, en la que los traductores-guionistas se tomaron muchas licencias, bien por censura, bien para adaptar los chistes a nuestro sentido del humor.

  3. jpgalan dice:

    A Centollo:
    Se echa en falta alguna de sus “centolladas”.

  4. centollo dice:

    este blog se ha vuelto pedante al máximo; que si las industrias farmacéuticas,que si Alejandría,que si el ser o el deber ser.. ,vamos,vamos ¿aquí hay que estudiar un doctorado para escribir o qué pasa? ¿es que no se puede hablar de la última novia de paquirrín?de la belén esteban y más cosas de cierta importancia? ¿es que nunca va a comentar las pelis buenas?¿cuando le toca el turno a Rocky V,superman,y demás best sellers? mientras no haya cambio de linea editorial,¡me niego a entrar en este circo de pitagorines!

  5. jpgalan dice:

    A Centollo:
    Permítame corregirle: Este blog no se ha vuelto pedante, siempre lo ha sido; pero desde luego, creo, ninguno de los que intervenimos somos doctores en nada ni se pide ningún título o carné para entrar, como bien sabrá Ud.. Por cierto, ¿quién es la novia de Paquirrín?…¿Y quién es Paquirrín? Superman me parece una buena película, inocente hoy por hoy pero un gran divertimento en su época y aún la veo con cariño cuando la reponen en la tele (estoy hablando de la versión de Richard Donner, claro, la versión de hace un par de años me parece totalmente prescindible y nunca ha visto a Kevin Spacey actuar con más desgana). Pero Rocky V…puff!, yo me quedé en Rocky IV, un gran videoclip.

  6. Keiko dice:

    A Centollo:
    Pues es una pena. Su comentario me ha parecido muy divertido…pitagorines…jajaja

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