MUROS Y VERGÜENZA (a 400.000 euros)

Por , 25 agosto 2010 20:52

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Resulta, al menos, curioso, la escasa capacidad del ser humano, como individuo y como sociedad para luchar contra los prejuicios, los miedos y su incapacidad para liberarse de ellos. Preferimos construir muros a nuestro alrededor que nos separen de los mismos, como si el hecho de no verlos, los hiciera desaparecer espontáneamente.

The Wall (El Muro), álbum de música y video de 1979 de la banda de rock sinfónico Pink Floyd, forma parte ya de la historia por su carácter innovador y revolucionario, presentando en una suerte de ópera rock, la vida de una estrella de rock ficticia (“Pink”), basada en la propia del líder del grupo Roger Waters. En ella se presenta a éste como un antihéroe atormentado por sus traumas (la muerte de su padre en la guerra, la estricta educación recibida, las alucinaciones por las drogas, la presión de la fama…) siendo el muro una metáfora del aislamiento que todos estos problemas (ladrillos) le producen respecto de la realidad y le mantienen dentro de una burbuja autodestructiva.
La versión de cine de The Wall no tardó en llegar.  El arriesgado proyecto fue encargado al director Alan Parker quien ya era ampliamente conocido tras El Expreso de Medianoche (1978) y Fama (1980) y tuvo al cantante Bob Geldof (el líder de los Boomtown Rats) como Pink. La película sigue de cerca la estructura musical del álbum, aunque con un guión con variaciones respecto al mismo. Son de gran importancia de las impactantas animaciones.

De muros está la Historia llena. Son quizá los más conocidos la Gran Muralla en China o el Muro de Adriano en Escocia, levantados por motivos militares a fin de evitar invasiones de otros pueblos, mongoles o pictos. Una vez que la pólvora hizo inútiles estas fortificaciones perdieron su utilidad y han llegado a nosotros para motivo de estudio y como fuente de conocimiento (y de ingresos turísticos).
Actualmente los muros separan otras realidades menos sangrientas pero igualmente indignantes, por eso se denominan a menudo como Muros de la Vergüenza.  Este término fue acuñado por la revista Time en 1962 en referencia al Muro de Berlín y que pronto se extendió en clara referencia al sentimiento que producía el hecho de tener dividida en dos una ciudad y Europa entera por motivos políticos, en principio, y socioeconómicos, posteriormente.
Después vinieron otros muros de la vergüenza, todos fuentes de tensión y que vienen a humillar a quienes impiden el libre paso, a declarar lo injusto de haber nacido a un lado y no el otro, a significar la incapacidad de los que nos gobiernan para resolver los problemas de los que huyen los que tratan de escalarlos (la guerra, el hambre, la corrupción, la falta de oportunidades… la injusticia y la vergüenza de saberla viva, en definitiva).  Están el Muro de Cisjordania (entre Palestina e Israel), el Muro de la Tortilla (entre Méjico y Estados Unidos), el Muro de Chipre (que separa la parte cristiana de la musulmana, esto es, Grecia de Turquía) o el Muro del Sahara (entre Marruecos y el Sahara Occidental).
En España tenemos nuestra versión local:  las vallas de Ceuta y Melilla que separan España de Marruecos y que, como viene siendo habitual cada cierto tiempo, otra vez han sido causa de revuelo en los últimos días (menos mal que llegó Alonsito Aznar con su pose spanish casual para sacarnos del lío… en fin, sin comentarios).

Pensando en esto de los muros y paseando por mi pueblo, para una vez que cojo la bici, me encuentro que también tenemos nuestro Muro de la Vergüenza (o casi mejor dicho, la vergüenza del muro): observo (y adjunto foto sin que sirva de precedente) que alrededor del conjunto de la Central Térmica de Corrales se están haciendo unos movimientos de tierras con maquinarias que, a su libre albedrío, han invadido el conjunto histórico existente causando daños graves en la estructura del dique y la cimentación de los muros perimetrales de la Central y el antiguo muelle de carga de mineral.  Las obras se encuentran, además, totalmente faltas de medidas de seguridad y carecen de vallado o señalización, con el consiguiente riesgo para la población. Adicionalmente el movimiento de maquinaria pesada realizado un deterioro grave de la vegetación autóctona existente, como pinos, acacias y encinas. 

CENTRAL 234

Parece ser que Cabeza Borradora sigue haciendo de las suyas y, con su equipo de colegas técnicos que no para de crecer (aún en tiempos de crisis económica y falta de actividad real, vamos que no tienen nada que hacer y nos cuestan, entre los que curran y los que no, cerca de 400.000 euros al año), ahora se ha propuesto merendarse por fin, como ya hiciera con la escalinata de la iglesia Regina Mundi (hecho denunciado aquí en la entrada anterior “Cabeza Borradora”) el poco patrimonio histórico que nos queda.
De esto avisaba y a ello se comprometiera en su día. Que no me lo invento, que está escrito (véase artículo 139 de las Normas Subsidiarias de Planeamiento vigentes hasta 2009 donde sólo se considera de valor la chimenea, digo yo que, como por su esbeltez ocupa poco suelo, costaba más derribarla que el suelo que pudiera dejar vacante para especular; cargándose por tanto la central, el dique y los cargaderos de mineral). 
Eso sí, los chavalitos nuevos que han entrado han tenido más sensibilidad y en el nuevo PGOU vigente, ya consideran respetable el edificio de la Central y proponen tomar medidas para su conservación, eso sí sin llegar a discurrir que lo que hay que conservar es un CONJUNTO no unas piezas sueltas fuera de contexto (creo que estudiaron en la Escuela de Champollion o en la de Bruselas…).Claro que esto es muy teórico pues ya he visto como velan para que eso se produzca.  Para que luego digan que las obras públicas se pasan de presupuesto. Ésta se ha pasado en 400.000 euros (y esto también me parece una vergüenza).

MAÑANA MÁS

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