SILENCIO POR FAVOR

Por jpgalan, 16 Julio 2010 23:59

El_turista_accidental

En el día de ayer fue aprobada por el Ministerio de Industria la legislación que regirá sobre el desarrollo e implantación de la tecnología que permita a los pasajeros realizar llamadas telefónicas durante los vuelos comerciales. Desde este momento hasta que de hecho esto suceda pasarán meses o años, pero hemos abierto una puerta por donde, probablemente, veremos, una vez más, agredida nuestro descanso y la innecesariedad de saber de la vida del otro.
Ya, a base de volar mucho, voy superando (o mejor tolerando) el espacio y el tiempo de los vuelos, ya de por sí desasosegantes y claustrofóbicos. Ahora pueden convertirse en irritantes y enloquecedores si, como ya sucede en trenes y autobuses, nos toca cerca un individuo que se empeña en contarnos su vida en alta y engolada voz, todo exhibicionismo y petulancia, en el mejor de los casos, cuando no burdamente, en la mayoría.

Así, desde el mismo hecho inicial en que lo primero que todos hacemos al descolgar es decir dónde estamos (entonces, ¿qué tiene de itinerante si a cada momento estamos cantando nuestra posición en plan GPS?). Al final la cosa llega a extremos absurdos: se retransmiten discusiones familiares o de pareja, manejos de negocios bastante oscuros o detalles escabrosos de la vida de un tercero.   El otro día, sin ir más lejos, esperando en la cola de la ventanilla de un banco, se me coloca detrás un menda que le llaman al móvil y tiene su conversación en medio de la sala ¡con el manos libres activado!, con lo cual no sólo escuchamos los presentes su verborrea insustancial sino también la del otro, ignorante de que era centro de atención de toda la sucursal.  A veces no sigo determinados esquemas de pensamiento: ¿es otra especie?
En El Turista Accidental, esa magnífica película de 1988, llena de tristeza y esperanza al tiempo, se nos plantea de fondo, detrás de la trama principal, toda una lección sobre comportamientos en los viajes de avión y, de paso, una actitud en la vida: William Hurt, en el papel de Macon Leary, es un gris hombrecito dedicado a escribir guías de viaje para ejecutivos (turistas accidentales), Kathleen Turner es su esposa y vive encerrada en casa en estado casi catatónico, amargada tras la muerte del hijo pequeño de ambos; Geena Davis da vida a Muriel, una extravagante y espontánea joven adiestradora de perros que, sin embargo, despliega su vitalidad y positivismo, con una sencilla filosofía de vida, ante el desesperanzado Macon (carácter diametralmente opuesto), quien toca fondo en el momento que, incomprensiblemente, su mujer le anuncia que va a dejarle, mostrándole que, con su amor, tiene otra oportunidad en la vida para ser feliz.
Coinciden en esta cinta profesionales en estado de gracia, en la zona ascendente de su carrera que, sin embargo hoy por hoy se encuentran todos curiosamente en el ostracismo: Su director Lawrence Kasdan (quien empezó como guionista de Steven Spielberg en El Retorno del Jedi o En Busca del Arca Perdida) inició una brillante carrera como director con la ya clásica Fuego en el Cuerpo (1981) toda una obra maestra del cine negro. Continuó con títulos notables como las corales Reencuentro o Grand Canyon, tocando géneros muy diversos, desde el western (Silverado) hasta la comedia (Te Amaré Hasta que te Mate) pasando por los anteriores citados; aunque luego se diluyera en el cine comercial como El Guardaespaldas, sin hacer nada destacable en los últimos 10 años, excepto la incomprendida Mumford, en 1999.  Algo parecido ocurrió con el trío protagonista. William Hurt protagonizó éxitos de crítica en los 80, como Reencuentro y Fuego en el Cuerpo, además de otros éxitos como Hijos de un Dios Menor, El Beso de la Mujer Araña o Gorky Park; se pasea ahora tan triste como el personaje que interpreta en El Turista en papeles secundarios por debajo su indudable talento (Hulk).  Análogamente, ocurrió con Kathleen Turner, otrora sex-symbol (espléndida femme fatal en Fuego en el Cuerpo) y actualmente con bastante sobrepeso y prostrada hacia papeles menores (excepción de la ya lejana comedia negra del ex-indy Gus Van Sant Los Asesinatos de Mamá) y también con la entonces desconocida Geena Davis, quien obtuvo aquí el oscar como mejor actriz de reparto (la película obtuvo otras tres nominaciones, a la mejor película, mejor guión adaptado y mejor partitura) Lo último decente que sabemos de la Davis es Stuart Little (nada que ver con cénit Thelma y Louis).
El Turista Accidental comienza con una serie de planos de los viajes de Leary con su voz en off, recontando el abc de sus libros para viajeros de negocios: “…el viajero sólo debe llevar la ropa que le quepa en su maletín, así se evitá facturar equipaje…el turista accidental llevará varios sobres con detergentes y quitamanchas, así se evitará dejar la ropa en las lavanderías, hoy en día casi todo viene en bolsitas pequeñas…llevará un libro en su maletín para evitar conversaciones incómodas con extraños, nada de revistas pues se leen enseguida pero no más de un libro, ya que ocupan mucho espacio menudo sobrestimamos la cantidad de tiempo libre…conviene ponerse un traje gris, resulta un color sufrido y podemos utilizarlo si tenemos que acudir a un funeral (aquí la patética y constante presencia de la muerte)…en los viajes, como casi todo en la vida, no debemos llevar nada de valor o tan estimado cuya pérdida pueda suponer un disgusto (aquí la referencia a la tragedia del hijo)”.  A partir de esto ya podemos reconocer al personaje y su desesperado refugio en trabajo, con gran resignación y sufrir callado ante su mundo destrozado.  El resto, va desmenuzando, desde la tragedia, a la esperanza, con grandes dosis de intensos pero nada histriónicos sentimientos, una historia real y conmovedora.
Obviamente, son exageradas las pautas que marca Leary en sus libros pero, me temo, el otro extremo está por venir: esos turistas accidentales declamando móvil en mano sus prósperos negocios o intensos proyectos, esos turistas ocasionales que cual estampida entran y salen dejando detrás un marasmo de basuras y prensa hojeada, posteando a su comunidad lo bien que se lo han pasado en el todo incluido durante de las vacaciones incluyendo un recuento de todos los platos del variado bufé libre.  Sólo espero que, dada la inversión económica que este impertinente sistema implica, la pesadilla tarde en llegar. Mientras guardemos silencio, por favor.

MAÑANA MÁS

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