Posts tagged: Añadir etiqueta nueva

EL SHOW DE TRUMAN

Por jpgalan, 5 Junio 2009 0:35

show_truman_poster

El Show de Truman (1998) presenta de manera original y brillante un universo de cartón piedra donde Truman Burbank (un sorprendente Jim Carrey que demuestra que es bastante más que un mal imitador de Jerry Lewis) desarrolla su vida, en un decorado gigante  (que tiene hasta cielo y atmósfera artifial propios) y donde todos los que le rodean son actores, a la vista de medio mundo que le sigue en directo y 24 horas al día a través de la tele, mediante una infinidad de cámaras ocultas, devorando publicidad directa e indirecta, en lo que es un reality show llevado al paroxismo.

La película dirigida con gran habilidad por el experimentado Peter Weir (El Año que Vivimos  Peligrosamente, El Club de los Poetas Muertos, Master and Commander…) a partir de un guión absolutamente sin desperdicio de Andrew Niccol (Gattaca, La Terminal…), plantea una trama de gran calado, con varios niveles (todos válidos) de interpretación que van desde lo más cómico hasta lo más profundamente trágico, poniendo sobre la mesa cuestiones sociales, morales y filosóficas que pueden dar lugar a un buen debate.

La televisión actual tiene bastante de la ideada por el productor del programa, Kristof (Ed Harris, como siempre bordándolo pero, por favor, que no vuelva a dirigir): Los programas donde vemos la vida de la gente abundan en todos los canales, la diferencia es que los actuantes saben que tienen cámaras delante (al menos Truman tenía una coartada).  Desde los más antinaturales como Gran Hermano, El Bus, La Granja, La Isla y demás variantes hasta los naturistas Callejeros, Andaluces por el mundo o España directo, pasando por los “mamá quiero ser artista” de Operaciones Triunfo, Famas y otras yerbas; todo el mundo quiere tener delante un micro y una cámara que cuente a los demás lo que son capaces de hacer, en su vida cotidiana o sometidos a algún tipo de tortura específca.

Yo esta noche me vi obligado a ver el programita de Antena 3  (¡El Secreto!) sobre un arquitecto de lujo que se toma unas vacaciones de su vida glamorosa en Seaheaven y pasa cinco días en la vida real que llevan muchos mortales.  A base de tanto anuncio por radio y TV, he sucumbido al marketing y he tenido que verlo: En cuanto me han nombrado trescientas doce veces la palabra “arquitecto”, he claudicado ante mi curiosidad.

Pues bien, nuestro “arquitecto de éxito” (lo repitieron hasta la saciedad) salió de su mansión de 1800 m2 en una urbanización exclusiva a las afueras de Madrid, aparcó su descapotable clásico y dejó su traje de corte italiano, para vivir unos días como voluntario social en diversas asociaciones que ayudan a enfermos de sida, personas mayores y gente sin techo.  A los cuales, dicho sea de paso ,se trata en el programa con el mayor de los respetos, cosa que yo, aunque huelgue decirlo, suscribo.

 No entiendo como este chaval se ha prestado a semejante circo.  Yo creo que nuestro Truman ha ido medio engañado, pensando que iba a ir de excursión de turismo activo (como esos campamentos donde van los urbanitas para ver animales de verdad, cómo se ordeña una vaca, hacer jabón con sosa y manteca de cerdo o distinguir una seta comestible de una venenosa (eso sí, sudando y todo); que iba a dar una vuelta de tuerca más al rastrillo de Pitita Ridruejo y la Condesa de Romanones o pillar una nueva idea para venderle a los jeques de Dubai: una especie de parque temático de la desgracia para implantar en una isla con forma de corazón-corazón; para encontrarse con una realidad mucho más cruda y que le superó en el primer asalto.  De esta forma nuestro Mr. Scrutch vive su propio Cuento de Navidad y, rescatando su conciencia enterrada en euros y petrodólares, termina sufriendo una metamorfosis que le despierta su vena benefactora y acaba repartiendo pisos y cheques a dos manos.

La cosa empezó bastante chunga: el colega hace un despliegue de medios increíbles enseñando su casa, dice que le agobia mucho ir a las obras y le fastidia que estén tan sucias, luego hace la maleta en su vestidor (creo que es donde se rodó el último anuncio de Heineken) mientras le comenta a su mujer que nunca ha viajado con tan poco equipaje (el trolly más grande que el que yo suelo llevar de viaje para una semana, pero de marca, claro está, no del Carrefour) y se cambia de ropa  (se quita el traje y se pone su uniforme “sport casual”, de Boss y Lacoste, por supuesto).  Sin embargo en cuanto se topa con la realidad se le va cambiando la cara (que al principio la tenía lisita y al final del programa ya le salen arrugas y todo): lo más gracioso es cuando lee en una tarjeta que le ha dejado el programa donde le comunican el dinero que le van dejar como dietas (tartamudea incapaz de creerse que debe vivir una semana con ¡45 euros!) y, para empezar con buen pie, va a una charcutería y pide un kilo de pechuga de pavo y otro de mortadela para hacerse unos bocatas para la cena (menos mal que entra en razón y “sólo” pide, finalmente, medio kilo de cada…).

No obstante el muchacho se muestra bastante sincero (no paran de saltársele las lágrimas) y parece que la experiencia le ha impactado profundamente.  Esperemos que le dure.  Desde luego valor ha tenido y eso no se lo quita nadie, más que muchos de nosotros, pero flaco favor ha hecho a los arquitectos que ya bastante mala prensa tenemos y, con la mala leche que se gastan por ahí, seguro que nadie se fija en el gesto solidario que este hombre ha tenido y se quedan con el cliché: un arquitecto es un tío amanerado y adinerado, con bastante sensibilidad y que vive fuera de la realidad (no teníamos ya suficiente con el chistecito del ingeniero y el decorador).

Podían haber cogido a un abogado, que alguno sentimental habrá …

 

MAÑANA MÁS

¿ Te gustó ? Compártelo

¿LOS RICOS TAMBIEN LLORAN?

Por jpgalan, 26 Mayo 2009 22:35

veronica

Hace unos años una telenovela apareció en las pantallas de Televisión Española e inauguró en este nuestro pais un género que después ha sido muchas veces ensayado, tan admirado por unos como denostado por otros: la telenovela latinoamericana.  Se trataba de “Los Ricos También Lloran“.  En ella, a lo largo de muchísimos capítulos se narraban las peripecias tragicómicas de Mariana, una especie de Cenicienta mejicana, en pos del amor de Luis Alberto, en el papel de príncipe azul.  La serie, emitida a principios de los años 80 removió las vidas de todas las marujas españolas y no había un rincón donde no se estableciera tertulia sobre el capítulo anterior o pronóstico sobre lo que ocurriría en los siguientes.  Yo, por aquella época bastante inocente (la edad), veía aquella escenografía, ese vestuario, esos peinados…todo tan cutre; que no entendía el gusto de la gente por ella y, desde luego, lo que menos entendía era que aquella muchacha tan mona estuviera enamorada de ese ¿galán? que, para colmo. casi todo el tiempo pasaba de ella, y que iba por ahí con esa pinta mezcla entre Manolo Escobar y Luis Aragonés.  Con todo, el título de la serie, “Los Ricos También Lloran”, (ya saben,”Mariana” para los amigos) dio lugar también a parodias y chascarrillos (…”Los Ricos También Lloran…de risa” y otras menos afortunadas).

El otro día, echando los restos de un almuezo con mis padres al cubo de la basura descubrí allí un trozo de plástico y le eché la bronca a mi madre por no meterlos, descuidadamente, en el cubo del reciclado.  Yo, que desde que ví un día a una anciana tirando sus botellas de cristal, con sus manos temblorosas, a uno de esos buzones verdes (que otro en su lugar, hubiese dicho ¡pa lo que me queda en el convento…!), me he volví un jarrai de la lucha prorreciclado, salté ante esa afrenta.  Entonces mi padre empezó a quejarse amargamente de que sus vecinos no reciclan, que está cansado de seleccionar, acumular y verter en su correspondiente contenedor, todas las materias reciclables, mientras que sus vecinos pasan del tema (”Bueno, no serán todos, claro está, pero entre unos cuantos se cargan todo el sistema…que vas a tirar la basura y te encuentras en el contenedor de orgánica plásticos, botellas de cristal y hasta las cajas del Hipercor que dan cuando llevan la compra a una casa ¡y sin plegar ni nada!” …y eso que en Aljaraque tenemos un contenedor amarillo por cada contenedor de los normales  …a veces me da vergüenza ajena y meto la mano en el contenedor, hasta el fondo pa sacar alguna garrafa de agua de 5 litros, que total me da igual que me vean haciéndolo).

Yo, en ese momento, me imagino a mi padre con medio cuerpo metido en el contenedor, rebuscando, con las piernas colgando y la situación me parece inaceptable.  A continuación me acuerdo de alguna vez, que voy de noche por la calle y veo a algún desgraciado removiendo en la basura y de cómo lo miro, cobardemente, de reojo, intentando que su mirada no se cruce con la mía como si de Medusa se tratara y fuera a quedar yo convertido en estatua de piedra, pasando rápido de largo para que la imagen no se grabe en mi lobotomizada conciencia.

Entonces, volviendo a la conversación, le digo: “papá, es que los ricos no reciclan”.  Eso es lo que pienso, no entra en el esquema de un rico reciclar.  A un rico, cuando algo ya no le gusta, no le queda bien, se le gasta o hace viejo; lo tira, no lo arregla, no lo lija, no lo pinta, no lo regala (en caso lo “donaría”, que es más fino):  LO TIRA.  Un rico no ha visto a su abuela zurciendo calcetines, a su madre guardando el pescado frito para comerlo frio el día siguiente, el rico no ha llevado de pequeño parches en las rodillas o los codos, todo lo más, recuerda el muñequito que tenía bordado en la pechera del polo (de marca).

Yo, en esto del reciclaje, voy por ahí convirtiendo infieles y a poco que cojo confianza con alguien y consigo entrar en su casa, me las arreglo pa colarme hasta la cocina y, ni corto ni perezoso, empiezo a rebuscar en sus cubos de basura y acto seguido, en caso de no ver más de un apartado y descubrir tetrabriks mezclados con pieles de plátano, le echo un sermón al más pintado, que ya no vuelve a hacerlo.  Modestamente he tenido bastante éxito en general, pero cuando se ha tratado de un rico, me ha resultado imposible.  Lo mejor son las excusas que ponen:

- “Es que no tengo sitio para tantos cubos en el lavadero…” ah, pero sí tienes sitio en la repisa del baño para meter cuatro frascos de perfume (francés, a ser posible), dos sprays (del ozono ni hablamos) de desodorante neutro, una crema antiarrugas, un tónico desmaquillante, un gel para el contorno de ojos, una crema efecto lifting intantáneo, diez o doce muestras de otros perfumes y cremas de las que te dan en la perfumería de El Corte Inglés, la base, el fondo, el estuche de colorete, siete barras de rimmel, el perfilador, diez pintalabios, el juego de manicula, laca de uñas de tres o más colores, las pinzas, las limas, las toallitas, los algodones y un juego de pinceles que ya hubiese querido tener el mismísmo Miguel Angel.

- Otra muy buena: “Es que no tengo claro lo que va en cada cubo”.  Ah, vale, que sabes distinguir un Pesquera de un Viña Valera pero no un plástico de un cartón.

En fin, no sé si los ricos lloran o no, supongo que como todos, pero lo que es reciclar, reciclan poco.   Por favor, seamos más solidarios.

 MAÑANA MÁS

¿ Te gustó ? Compártelo