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	<title>Eiségesis &#187; cine</title>
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	<description>Blog sobre arquitectura y otros temas de Juan Pérez Galán</description>
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		<title>LA VIDA DE LOS OTROS</title>
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		<pubDate>Wed, 10 Nov 2010 18:55:15 +0000</pubDate>
		<dc:creator>jpgalan</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Me resulta increíble y, sin embargo, lo entiendo, que cientos de horas a la semana que se convierten en millones cuando las multiplicamos por cada una de las vidas que las gastan, se empleen en contemplar, husmear, mordisquear, destripar, devorar y, finalmente, excretar; las vidas, reales o inventadas, de otros seres que desfilan por TV y demás medios de colonización mental, a cualquier hora y de manera, parece, interminable.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="aligncenter size-medium wp-image-343" title="poster_lavidadelosotros_3" src="http://www.jpgalan.es/blog/wp-content/uploads/2010/11/poster_lavidadelosotros_3-224x300.jpg" alt="poster_lavidadelosotros_3" width="224" height="300" /></p>
<p style="text-align: justify;">Me resulta increíble y, sin embargo, lo entiendo, que cientos de horas a la semana que se convierten en millones cuando las multiplicamos por cada una de las vidas que las gastan, se empleen en contemplar, husmear, mordisquear, destripar, devorar y, finalmente, excretar; las vidas, reales o inventadas, de otros seres que desfilan por TV y demás medios de colonización mental, a cualquier hora y de manera, parece, interminable.<span id="more-341"></span>No me lo puedo creer, desde el punto de vista físico, por la enorme cantidad de energía útil desperdiciada; ninguna fuente de ídem me parece más portentosa que un puñado de neuronas, no obstante tiradas por el desagüe.  Me parece inverosímil, desde el punto de vista químico, por ver cómo una fórmula tan carente de sustancia consigue una reacción tan poderosa y en cadena, contagiosa como una fétida epidemia de universal necedad.  Me parece inadmisible, desde el punto de vista político, porque aquéllos que nos dirigen se dejan manejar por intereses económicos y no impiden la proliferación de esta canallesca, al menos, en toda hora en la que la infancia debería poder estar a salvo y adquiriendo otra cultura, otro conocimiento, otra conciencia. Me parece no creíble, desde el punto de vista metafísico, que tantos cuerpos sin alma deambulen por esta tierra carentes de otra referencia que la <em>Princesa del Pueblo</em>, el <em>FulanoGH-nosecuántos </em>o la <em>exdelexdelaex</em> de turno. ¡Pero, por Dios, cómo va a ser <em>Andreitacómetelpollo</em> parlamentaria! (peligro: sólo es cuestión de tiempo…).</p>
<p style="text-align: justify;">Lo entiendo, sin embargo. Porque somos así. Esto parece tan intrínseco, tan inherente a nosotros como peligroso, porque esto no es sólo una actitud pasiva de recibir hasta la saturación esta clase de telebasura que se acaba cuando le damos al <em>off</em>, sino que, a base de estamparlas en nuestro subconsciente, conseguimos trasladar estos ademanes a nuestros actos, impregnando de mala baba nuestra vida, afanándonos en enjuiciar al vecino o a la compañera de trabajo, generando altercado a voces limpias o a lágrima viva a las primeras de cambio y, todo ello, con grandes aspavientos y sobreactuaciones.</p>
<p style="text-align: justify;">Entiendo, no obstante, en primera instancia, el simple cotilleo o el chismorreo mismo, sobre la vida de gente que sea alguien, que haya hecho algo, esto siempre ha existido. Aún así no llego a discurrir cómo, en esta vorágine de idolatría barata, de famoseo vacuo, en orden de alimentar toda esta bola, salen a la palestra cada día nuevos personajes ficticios, muchos d ellos salidos de canteras propias de las cadenas, carne fresca para alimentar las hienas de este circo de carne putrefacta ante la mirada embobada de la plebe. Yendo más allá, comprendo esa curiosidad insana por envidiar a los otros, esa desidia mental que permite no pensar en nuestros problemas diarios, en lo probablemente vacías de contenido que se encuentran nuestras existencias, sean propias o prestadas, tomadas voluntariamente o impuestas por las siempre culpables circunstancias; ese afán por tirar contra otros la primera piedra. Pero, ¿tan vacíos estamos?</p>
<p style="text-align: justify;">En la película alemana <strong>La Vida de los Otros</strong> (<em>Das Leben der Anderen</em>, 2006), el director y <span style="color: #000000;">guionista <strong>Florian Henckel-Donnersmarck</strong>,</span><span style="color: #000000;"> describe </span>con gran precisión y sensibilidad lo que pudo llegar a ser la antigua <strong>República Democrática Alemana</strong> en los años 70 y 80: un país de 16 millones de habitantes, bajo un régimen pseudocomunista, donde cifras oficiales declaran haber tenido a lo largo de sus cuarenta años de historia más de trescientas mil personas a sueldo de la<strong> STASI</strong> (policía política estatal) aunque otras fuentes creen que esta cifra puede elevarse hasta los dos millones, contando con informadores externos y esporádicos; todo ello para preservar un sistema ficticio, injusto, corrompido por el poder y en quiebra económica y social: un país en el que la mayor ocupación de sus habitantes era la vida de los otros.</p>
<p style="text-align: justify;">La cinta cuenta cómo al capitán de la <strong>Stasi</strong> <em>Gerd Wiesler</em> (interpretado por (<strong>Ulrich Mühe</strong>), un oficial pulcro y muy competente que vive por y para su trabajo (no tiene familia ni vida propias), su superior en la todopoderosa policía secreta del régimen le encomienda, siguiendo las directrices del ministro de propaganda, que espíe a la pareja formada por el prestigioso escritor <em>Georg Dreyman</em> (<strong>Sebastian Koch</strong>) y la popular actriz <em>Christa-Maria Sieland</em> (<strong>Martina Gedenk</strong>), sospechosos (como todos los &#8220;intelectuales&#8221;) de tener ideas contrarias al régimen.  Weisler comienza el convencional despliegue de medios de vigilancia y empieza a espiar a la pareja en su piso, al principio convencido de su culpabilidad cuando no lo son y, a medida que avanza la película, va descubriendo que detrás de estas personas, como otras tantas a las que ha destruido la vida muy profesionalmente, eso sí, hay una existencia digna y respetable; va comprendiendo lo inútil e injusto de su trabajo al servicio de intereses no generales sino particulares de quienes ostentan el poder y temen perderlo si el pueblo comienza a pensar y abandona el miedo al que está sometido: en realidad sirve al trepa de su superior <em>Grubitz</em> (quien aun siendo mediocre ha ascendido mucho más rápido en la escala profesional) quien sólo quiere conseguir el favor del sátiro ministro <em>Hempf</em>, el cual, a su vez, ha desencadenado la investigación por puro despecho ya que es rechazado por <em>Christa-Maria </em>quien no se pliega a ser su amante ya que sinceramente ama a <em>Dreyman</em>.</p>
<p style="text-align: justify;">Un gran ejercicio de conciencia acerca del peligro de llevar al extremo el control de las masas distraídas en espiar lo que hacen los otros, plantea esta película que obtuvo numerosos reconocimientos (incluído el <strong>Oscar</strong> a la mejor cinta de habla no inglesa) donde destacan las interpretaciones del trío protagonista, en especial la de <strong>Ulrich Mühe</strong>, quien desgraciadamente falleció sólo un año después.  Realmente convomedores resultan los primeros planos de la cara de Mühe mientras espía a través de auriculares a la pareja (a los que escuchamos al tiempo) y cómo su rostro refleja la lucha moral que sostiene y va tornando sus creencias de un extremo al otro, en aplicación de su propia inteligencia y humanidad.  La trama está muy bien hilvanada y consigue mantener gran atención sobre la historia, mediante un gran montaje y manejo de los ritmos de la escena, igualmente, la ambientación es perfecta y tiene diálogos muy certeros. </p>
<p style="text-align: justify;">A destacar la escena en la que <em>Weisler-Mühe</em> regresa a casa y coincide con un niño vecino en el ascensor, se ve un plano frontal de ambos, él mira al frente rutinariamente y el niño, en cambio, le mira fijamente y le dice “mi padre dice que usted es de la Stasi”, él lo mira y saca su libreta y le replica “a ver, dime el nombre de tu…”, se lo piensa mejor y guarda la libreta, dejando ir al niño y consciente, por fin, de lo inofensivo de la pregunta: acaba de salvar a una persona de ir a la cárcel.  Es con esta inteligente escena con la que el autor marca el punto de inflexión en la actitud del protagonista y, en definitiva, de la película.</p>
<p style="text-align: justify;">Espero que pronto surja o, preferentemente, provoquemos ese punto de inflexión y, dentro de nuestra rutina, cambie algo para que dejemos de estar al cabo de la vida de los otros y más de la nuestra, seguramente muy mejorable.</p>
<p>MAÑANA MÁS</p>
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		<title>SILENCIO POR FAVOR</title>
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		<pubDate>Fri, 16 Jul 2010 22:59:32 +0000</pubDate>
		<dc:creator>jpgalan</dc:creator>
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		<description><![CDATA[En el día de ayer fue aprobada por el Ministerio de Industria la legislación que regirá sobre el desarrollo e implantación de la tecnología que permita a los pasajeros realizar llamadas telefónicas durante los vuelos comerciales.  En El Turista Accidental, esa magnífica película de 1988, llena de tristeza y esperanza al tiempo, se nos plantea de fondo, detrás de la trama principal, toda una lección sobre comportamientos en los viajes de Sólo espero que, dada la inversión económica que este impertinente sistema implica, la pesadilla tarde en llegar. Mientras guardemos silencio, por favor.
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			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><img class="aligncenter size-medium wp-image-303" title="El_turista_accidental" src="http://www.jpgalan.es/blog/wp-content/uploads/2010/07/El_turista_accidental-194x300.jpg" alt="El_turista_accidental" width="254" height="358" /></p>
<p style="text-align: justify;">En el día de ayer fue aprobada por el <strong>Ministerio de Industria</strong> la legislación que regirá sobre el desarrollo e implantación de la tecnología que permita a los pasajeros realizar llamadas telefónicas durante los vuelos comerciales. Desde este momento hasta que de hecho esto suceda pasarán meses o años, pero hemos abierto una puerta por donde, probablemente, veremos, una vez más, agredida nuestro descanso y la innecesariedad de saber de la vida del otro.<br />
Ya, a base de volar mucho, voy superando (o mejor tolerando) el espacio y el tiempo de los vuelos, ya de por sí desasosegantes y claustrofóbicos. Ahora pueden convertirse en irritantes y enloquecedores si, como ya sucede en trenes y autobuses, nos toca cerca un individuo que se empeña en contarnos su vida en alta y engolada voz, todo exhibicionismo y petulancia, en el mejor de los casos, cuando no burdamente, en la mayoría.</p>
<p style="text-align: justify;"><span id="more-302"></span>Así, desde el mismo hecho inicial en que lo primero que todos hacemos al descolgar es decir dónde estamos (entonces, ¿qué tiene de itinerante si a cada momento estamos cantando nuestra posición en plan <em><strong>GPS</strong></em>?). Al final <em>la cosa</em> llega a extremos absurdos: se <em>retransmiten</em> discusiones familiares o de pareja, manejos de negocios bastante oscuros o detalles escabrosos de la vida de un tercero.   El otro día, sin ir más lejos, esperando en la cola de la ventanilla de un banco, se me coloca detrás un menda que le llaman al móvil y tiene su conversación en medio de la sala ¡con el manos libres activado!, con lo cual no sólo escuchamos los presentes su verborrea insustancial sino también la del otro, ignorante de que era centro de atención de toda la sucursal.  A veces no sigo determinados esquemas de pensamiento: ¿es otra especie?<br />
En <strong><em>El Turista Accidental</em></strong>, esa magnífica película de 1988, llena de tristeza y esperanza al tiempo, se nos plantea de fondo, detrás de la trama principal, toda una lección sobre comportamientos en los viajes de avión y, de paso, una actitud en la vida: <em><strong>William Hurt</strong></em>, en el papel de <em>Macon Leary</em>, es un gris hombrecito dedicado a escribir guías de viaje para ejecutivos (turistas accidentales), <em><strong>Kathleen Turner</strong></em> es su esposa y vive encerrada en casa en estado casi catatónico, amargada tras la muerte del hijo pequeño de ambos; <strong><em>Geena Davis</em></strong> da vida a <em>Muriel</em>, una extravagante y espontánea joven adiestradora de perros que, sin embargo, despliega su vitalidad y positivismo, con una sencilla filosofía de vida, ante el desesperanzado Macon (carácter diametralmente opuesto), quien toca fondo en el momento que, incomprensiblemente, su mujer le anuncia que va a dejarle, mostrándole que, con su amor, tiene otra oportunidad en la vida para ser feliz.<br />
Coinciden en esta cinta profesionales en estado de gracia, en la zona ascendente de su carrera que, sin embargo hoy por hoy se encuentran todos curiosamente en el ostracismo: Su director <em><strong>Lawrence Kasdan </strong></em>(quien empezó como guionista de <strong>Steven Spielberg</strong> en <em>El Retorno del Jedi</em> o <em>En Busca del Arca Perdida</em>) inició una brillante carrera como director con la ya clásica <em><strong>Fuego en el Cuerpo</strong></em> (1981) toda una obra maestra del cine negro. Continuó con títulos notables como las corales <em>Reencuentro</em> o <em>Grand Canyon</em>, tocando géneros muy diversos, desde el <em>western</em> (<em>Silverado</em>) hasta la comedia (Te Amaré Hasta que te Mate) pasando por los anteriores citados; aunque luego se diluyera en el cine comercial como <em>El Guardaespaldas</em>, sin hacer nada destacable en los últimos 10 años, excepto la incomprendida <em>Mumford</em>, en 1999.  Algo parecido ocurrió con el trío protagonista. William Hurt protagonizó éxitos de crítica en los 80, como <em>Reencuentro</em> y <em>Fuego en el Cuerpo</em>, además de otros éxitos como <em>Hijos de un Dios Menor</em>, <em>El Beso de la Mujer Araña</em> o <em>Gorky Park</em>; se pasea ahora tan triste como el personaje que interpreta en <em>El Turista</em> en papeles secundarios por debajo su indudable talento (<em>Hulk</em>).  Análogamente, ocurrió con <em>Kathleen Turner</em>, otrora <em>sex-symbol</em> (espléndida <em>femme fatal</em> en <em>Fuego en el Cuerpo</em>) y actualmente con bastante sobrepeso y prostrada hacia papeles menores (excepción de la ya lejana comedia negra del <em>ex-indy</em> <em><strong>Gus Van Sant</strong></em> <em>Los Asesinatos de Mamá</em>) y también con la entonces desconocida Geena Davis, quien obtuvo aquí el oscar como mejor actriz de reparto (la película obtuvo otras tres nominaciones, a la mejor película, mejor guión adaptado y mejor partitura) Lo último decente que sabemos de la Davis es <em>Stuart Little</em> (nada que ver con cénit <em>Thelma y Louis</em>).<br />
El <em>Turista Accidental</em> comienza con una serie de planos de los viajes de <em>Leary</em> con su voz en <em>off</em>, recontando el <em>abc</em> de sus libros para viajeros de negocios: “&#8230;el viajero sólo debe llevar la ropa que le quepa en su maletín, así se evitá facturar equipaje…el turista accidental llevará varios sobres con detergentes y quitamanchas, así se evitará dejar la ropa en las lavanderías, hoy en día casi todo viene en bolsitas pequeñas…llevará un libro en su maletín para evitar conversaciones incómodas con extraños, nada de revistas pues se leen enseguida pero no más de un libro, ya que ocupan mucho espacio menudo sobrestimamos la cantidad de tiempo libre…conviene ponerse un traje gris, resulta un color sufrido y podemos utilizarlo si tenemos que acudir a un funeral (aquí la patética y constante presencia de la muerte)…en los viajes, como casi todo en la vida, no debemos llevar nada de valor o tan estimado cuya pérdida pueda suponer un disgusto (aquí la referencia a la tragedia del hijo)”.  A partir de esto ya podemos reconocer al personaje y su desesperado refugio en trabajo, con gran resignación y sufrir callado ante su mundo destrozado.  El resto, va desmenuzando, desde la tragedia, a la esperanza, con grandes dosis de intensos pero nada histriónicos sentimientos, una historia real y conmovedora.<br />
Obviamente, son exageradas las pautas que marca <em>Leary</em> en sus libros pero, me temo, el otro extremo está por venir: esos <em>turistas accidentales</em> declamando móvil en mano sus prósperos negocios o intensos proyectos, esos <em>turistas ocasionales</em> que cual estampida entran y salen dejando detrás un marasmo de basuras y prensa hojeada, <em>posteando</em> a su <em>comunidad</em> lo bien que se lo han pasado en el <em>todo incluido</em> durante de las vacaciones incluyendo un recuento de todos los platos del variado <em>bufé libre</em>.  Sólo espero que, dada la inversión económica que este impertinente sistema implica, la pesadilla tarde en llegar. Mientras guardemos silencio, por favor.</p>
<p>MAÑANA MÁS</p>
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		<title>ENEMIGOS PUBLICOS</title>
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		<pubDate>Sun, 23 Aug 2009 21:18:59 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[Recientemente, de nuevo, vuelven arquitectos a estar implicados en tramas de corrupción y presunta malversación de dinero público: el caso del Velódromo de Palma o Palma Arena. Nos hemos convertido, gracias a casos puntuales que nos ensucian a todo el conjunto de profesionales de la arquitectura, en "enemigos públicos". Este es el título de la última película de Michael Mann, que acaba de estrenarse]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong></strong><img class="aligncenter size-medium wp-image-175" title="poster_enemigospublicos" src="http://www.jpgalan.es/blog/wp-content/uploads/2009/08/poster_enemigospublicos-208x300.jpg" alt="poster_enemigospublicos" width="208" height="300" /></p>
<p style="text-align: justify;">Recientemente, de nuevo, vuelven arquitectos a estar implicados en tramas de corrupción y presunta malversación de dinero público: el caso del Velódromo de Palma o <strong>Palma Arena</strong> ha saltado a los periódicos salpicando, entre varios cargos políticos de relevancia en el ayuntamiento de Palma de Mallorca, a los dos arquitectos directores de las obras quienes han debido depositar una millonaria fianza para cubrir los cargos que se le imputan. Las obras, según parece, acabaron siendo ejecutadas por una cantidad que oscila entre el doble y el triple de lo inicialmente aprobado (digo &#8220;oscila&#8221; ya que entre el montón de facturas contradictorias y otras tantas que no aparecen, aún ni se sabe por cuánto ha salido el pabellón <em>de marras</em>).<span id="more-174"></span>Los jueces decidirán hasta dónde llegará esto pero, de momento, ya tenemos dos nuevas razones que apoyan esa leyenda urbana, para unos, y vergonzante realidad, para otros, de que los arquitectos somos todos unos especuladores y unos <em>trincones</em>, hábiles mediadores entre políticos corruptos y promotores corruptores. ¿Estoy diciendo que estos compañeros son culpables? Actualmente, no. ¿Estoy diciendo que detrás de cualquier caso de corrupción urbanística o edificatoria hay sistemáticamente algún arquitecto facilitador implicado? Rotundamente, sí: gracias a casos puntuales que nos ensucian a todos, los arquitectos nos hemos convertido en <strong><em>enemigos públicos</em></strong>, a los que hay que investigar y que no merecemos ni el beneficio de la duda.<br />
<strong><em></em></strong></p>
<p style="text-align: justify;"><strong><em>Enemigos Públicos</em></strong> es la última película de <strong>Michael Mann</strong>, que acaba de estrenarse.<strong> </strong>Se desarrolla a principios de los años 30 en plena Gran Depresión y describe la lucha de un naciente FBI contra bandas de crimen organizado, concretamente la de <strong>John Dillinger,</strong> con su aún joven director <strong>Edgar J. Hoover</strong>, quien estaría al frente de esta organización durante cuatro décadas llenas de claroscuros.<br />
Empieza la cinta con una buena escena de fuga penitenciaria y, seguidamente, el robo a un banco, así en una prometedora primera media hora, pero desde aquí no hace más que desinflarse adoptando un tono facilón del que sólo se salvan la escena de la emboscada en el bosque y la escena del cine, donde el director hace un buen homenaje al cine clásico de gangsters, intercalando escenas de Manhattan Melodrama (en España se llamó precisamente <strong>El Enemigo Público Número Uno</strong>, dirigida por George Cukor y W. S. Van Dyke en 1934 y protagonizada por Clark Gable). De esta manera los personajes, salvando el principal de John Dillinger, se quedan en un simple esbozo y sus relaciones carecen de momentos de tensión:  <strong>Johnny Depp</strong> está todo el tiempo interpretándose a sí mismo con desgana, poniendo cara de guapo sinvergüenza (un mero comparsa al lado de truhanes míticos como <strong>Errol Flynn</strong> o el propio <strong>Clark Gable</strong>).  Por su parte <strong>Cristian Bale</strong> (El Imperio del Sol, American Psycho, El Maquinista, Batman El Caballero Oscuro&#8230;) y <strong>Marion Cotillard</strong> (Oscar a mejor actriz principal del pasado año por La Vie en Rose), en los respectivos papeles de agente de FBI Melvin Purvis tratando de cazar al ladrón y chica del gangster, intentan ponerle oficio pero la superficialidad y escaso tiempo de metraje de que gozan sus personajes se lo impiden. En los secundarios encontramos muchos actores conocidos, como <em>Stephen Dorff</em> o <em>Giovani Ribisi</em>, pero en personajes sin relevancia y totalmente prescindibles.<br />
Aunque el diseño de producción es impecable y la música original de <strong>Elliot Goldenthal</strong>, combinada con clásicos del blues como <em>Billie Holiday</em> u <em>Otis Taylor</em>, crea un fondo perfecto; la fotografía de <strong>Dante Spinotti</strong>, tan oportuna en otros títulos con <strong><em>L.A. Confidential</em></strong>, resulta caótica y combina sin criterio alguno la fotografía clásica con la digital y moviendo la cámara excesivamente en las escenas de  acción, lo cual resulta mareante.<br />
Mann y Spinotti han venido colaborando en todas las películas desde <em>Hunter</em> (1986), pasando por el ya clásico <em>El Último Mohicano</em> (1992) o la completísima <em>Heat</em> (1995, nadie fotografió mejor Los Angeles nocturno). Ya en <em>El Dilema</em> (en 1999, con Al Pacino y Russell Crowe) el duo Mann-Spinotti introdujeron valientemente la cámara digital pero limitándolo a las escenas en las que el personaje de Crowe duda, dotándolas de un toque casi onírico (inmediatamente copiado por los publicistas de los famosos anuncios de BMW). Más tarde, en <em>Collateral </em>(en 2004, con Tom Cruise y Jamie Foxx) emplean la fotografía digital en todo el metraje consiguiendo transmitir ese halo de irrealidad a la pesadilla que el personaje de Foxx (un taxista con mucho mundo interior y gran sentido del deber) sufre durante toda la noche al toparse por su trabajo con el frio asesino a sueldo  bien interpretado por Cruise.  En <strong><em>Enemigos Públicos</em></strong> resulta especialmente anárquica la aplicación de la técnica digital y los <em>amarillos</em> de los interminables destellos de las ametralladoras son cegadores.  Unicamente salvaría la escena final de la salida del cine, rodada a cámara lenta y con un gran resultado dramático.<br />
En mi opinión la base del mal de esta desigual película parte del guión, que sólo nos deja alguna que otra frase brillante en los diálogos y desperdicia una buena historia.  Apenas se sale de la deprimente tónica general de un cine americano actual en franca crisis, donde remakes, secuelas y versiones de series de TV o de comics, acaparan la mayoría de las producciones. En realidad, si tuviéramos que decir de que va la película en tres palabras no sería posible porque la cinta no se define y esto no consigue taparlo ni con grandes estrellas ni con una producción muy lograda.<br />
No obstante tampoco puede decirse de <em><strong>Enemigos Públicos</strong></em> que es una mala película, pero <strong>Michael Mann</strong> sabe hacerlo mucho mejor, su filmografía está llena de buenas películas con momentos memorables, y como muestra un botón, del mismo género:  en 1995, el propio Mann escribió y dirigió <strong><em>HEAT</em></strong>, otra cinta donde una banda de ladrones de bancos es perseguida por una unidad de la policía, ambos grupos dirigidos por expertos profesionales y <em>viciosos</em> de su trabajo (en detrimento de su vida personal), respectivamente interpretados en su línea más brillante por <strong>Robert de Niro</strong> y <strong>Al Pacino</strong>. En la película hay buena acción (la escena del tiroteo es impresionante) hay duelo de actores al más alto nivel, los personajes están bien definidos y tienen gran calado, tanto los principales, como un amplio elenco de secundarios, todos imprescindibles y perfectamente dramatizados (la mejor <em>Ashley Judd</em>, un gran <em>Val Kilmer</em>, un cínico mafioso <em>Jon Voight</em>, un  <em>perro fiel</em> rudo <em>Tom Sizemore</em>, la tierna <em>Ann Brenneman</em> o la insidiosa niña adulta <em>Natalie Portman</em>) y cada uno de ellos enriqueciendo la historia principal con otras secundarias pero no por ello menores. No es una película de suspense, no hay sorpresas, ya sabemos lo que va a pasar al final porque los personajes son fieles a si mismos y hacen lo que tienen que hacer, asumen su destino.</p>
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		<title>EL JUEGO DE HOLLYWOOD</title>
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		<pubDate>Tue, 16 Jun 2009 01:23:00 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[Ahora tengo el aliciente extra de que nuestro Pau Gasol ha llegado a lo más alto de este deporte, formando parte también de este triunfo y yo, que de siempre he sido de los de oro y púrpura, tengo así doble orgullo.

Ese es el único Juego de Hollywood al que me apunto. 

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			<content:encoded><![CDATA[<p class="MsoNormal" style="text-align: justify; margin: 0pt;"><img class="aligncenter size-medium wp-image-119" title="poster_juego_hollywood" src="http://www.jpgalan.es/blog/wp-content/uploads/2009/06/poster_juego_hollywood-207x300.jpg" alt="poster_juego_hollywood" width="207" height="300" /></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: Verdana;"><strong>El Juego de Hollywood</strong> (<em>The Player</em>, en su título original) es una película que dirigió en 1.992 el no hace mucho desaparecido <strong>Robert Altman</strong> (<em>M.A.S.H., Vidas Cruzadas, Gosford Park</em>), en la que desarrolla una historia de <em>cine dentro del cine</em>: <strong>Tim Robbins</strong> (<em>Cadena Perpetua, Mystic River, La Vida Secreta de las Palabras</em>) llena la pantalla y <em>monopoliza</em> la cinta con su certera interpretación (recomiendo poner, un rato al menos, la versión original) dando vida a un cínico productor (memorable la escena en la que confiesa a su novia y compañera de oficina que ama a otra) al que se le ha apagado la estrella y que se ve envuelto en una serie de chantajes que desembocan en un homicidio accidental pero, lejos de achantarse, comienza a manipular su entorno para sacar tajada de cuanto le sucede y volver a la cumbre, cueste lo que cueste.  Numerosos cameos de estrellas de cine (la mayoría haciendo de sí mismos) y numerosas referencias y homenajes a los clásicos (el plano secuencia y el diálogo de la escena iniciales todo un tributo a Orson Welles) enriquecen esta mordaz crítica del <em>showbusiness</em> y el sistema de estudios y <em>marketing</em> de Hollywood.</span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify; margin: 0pt;"><span style="font-family: Verdana;">Por aquella época yo estaba paseando mi carpeta tamaño A-2 por Reina Mercedes y comentaba, incluso hasta algunos años después, con un compañero más cinéfilo que yo, en plan de guasa y, a veces, casi en serio, que cuando acabáramos la carrera nos íbamos a meter en el “Juego de Hollywood”, ese en el que mucha gente, alguna del gremio, se mete <em>pa forrarse</em> a costa de lo que sea y por encima de quien sea, <em>matando</em> las buenas ideas y a aquéllos que las tienen, para robárselas o, simplemente, porque no se les había ocurrido a ellos antes.</span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify; margin: 0pt;"><span style="font-family: Verdana;"> </span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify; margin: 0pt;"><span style="font-family: Verdana; mso-ansi-language: ES;" lang="ES">Ayer el equipo de <strong>Los Angeles Lakers</strong>, después de siete años sin lograrlo, han conseguido su 15º Anillo de Campeones de la NBA (el hasta hace una década mal llamado rimbombantemente “campeonato del mundo”, por los americanos).<span style="mso-spacerun: yes;">  </span>El equipo dirigido por el laureado Phil Jackson y capitaneado por <strong>Kobe Bryant</strong> y nuestro <strong>Pau Gasol</strong>, ha culminado así una brillante temporada.</span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify; margin: 0pt;"><span style="font-family: Verdana; mso-ansi-language: ES;" lang="ES">Yo, que desde siempre preferí el baloncesto al fútbol (quizá por la rapidez del juego, la emoción de los minutos finales, la polivalencia y calidad atlética de los jugadores, el calado de los distintos planteamientos tácticos o la deportividad general dentro y fuera de la cancha; o tal vez, porque siempre fui bastante patoso y en el basket me defendía jugando ante mi incapacidad en la práctica futbolística); me aficioné pronto al juego que venía desde el otro lado del charco, bastante diferente entonces al que se practicaba en Europa y caí rendido ante el espectacular ´<em><strong>Show Time´</strong></em> de los Lakers de los años 80.</span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify; margin: 0pt;"><span style="font-family: Verdana; mso-ansi-language: ES;" lang="ES">El entrenador más elegante, <strong>Pat Riley</strong>, con su pelo perfectamente engominado y sus trajes italianos pero con su eterno chicle, dirigía desde la banda a un grupo de auténticos malabaristas del juego que desplegaban un abanico de registros aparentemente inagotable que los llevó a dominar casi toda la década en la que se hicieron con cinco títulos en ocho finales, enfrentándose en series míticas, sucesivamente, en especial a los Celtics de Boston de Larry Bird (un equipo que representaba todo lo contrario a los californianos: serios, serios, serios; un quinteto curiosamente con mayoría de jugadores blancos que practicaba un juego más bien lento, muy efectivo, con muy altos porcentajes de tiro y gran cohesión defensiva); luego vinieron los Detroit Pistons, los <em>Bad Boys</em>, con un juego bastante físico y algo tosco a veces, pero muy explosivo, que se colaron en el palmarés antes de la irrupción imparable de los Chicago Bulls del inigualable Michael Jordan, quienes dominaron ya la competición hasta que éste se hartó de ganar Anillos y se retiró para jugar al golf y al béisbol.</span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify; margin: 0pt;"><span style="font-family: Verdana; mso-ansi-language: ES;" lang="ES">Pues bien, ¿quién no recuerda el <em>Skyhook</em> de <strong>Abdul Jabbar</strong>, </span><span style="font-family: Verdana;">los triples de <strong>Byron Scott</strong>, los rebotes del silencioso <strong>A.C. Green</strong>, las majestuosas canastas a la media vuelta desde el poste alto después de dos fintas al defensor del elegantísmo <strong>James Worthy</strong>…? Todo ello impensable sin la dirección del mejor creador de juego de todos los tiempos: <strong>MAGIC JOHNSON</strong>.<span style="mso-spacerun: yes;">  </span>Un base de más de dos metros de altura capaz correr todo el campo, de ganar una final metiendo 40 puntos jugando de pívot por la lesión de Kareem, de dar pases increíbles <em>mirando al tendido</em> y de echarse el equipo a la espalda cada vez que la cosa se ponía fea.<span style="mso-spacerun: yes;">  </span>Esos partidos con unos marcadores elevadísimos, con incesante sucesión de canastas y, por el contrario, también esa brillante defensa individual con falsas ayudas y <em>traps</em> en la esquinas, tan desconcertante para sus rivales (recordemos que en la NBA estaban prohibidas las defensas <em>en zona</em>).</span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify; margin: 0pt;"><span style="font-family: Verdana;">Entretanto en la grada del Forum (ahora en el <em>Staples Center</em>) era frecuente ver a numerosas figuras del cine, como Michael Douglas, Denzel Washington, Danny de Vito, Dustin Hoffman, Demi Moore y otros tantos, con el fanático Jack Nicholson en primera fila; por lo que a los Lakers también se les llamó el <em><strong>equipo de las estrellas</strong> o de Hollywood</em>.</span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify; margin: 0pt;"><span style="font-family: Verdana;">Después vinieron los tres Anillos consecutivos de 2.000 a 2.002 con Shaquille O´Neil y Kobe Bryant, pero para mi ya no fue lo mismo.<span style="mso-spacerun: yes;">  </span>Uno ya era más mayor y menos entusiasta.<span style="mso-spacerun: yes;">  </span>Además también estaban las insufribles retransmisiones de los partidos del insufrible y ridículo histrión Andrés Montes (que me obligó a limitarme a ver la última serie de las finales de 2.002, y digo “ver”, literalmente, porque tuve que quitarle el sonido a la tele ante tanto comentario impertinente y<span style="mso-spacerun: yes;"> </span>onomatopeyas y chascarrillos y motes varios). Nada que ver con mi añorado Ramón Trecet.</span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify; margin: 0pt;"><span style="font-family: Verdana;">Ahora tengo el aliciente extra de que nuestro Pau Gasol ha llegado a lo más alto de este deporte, formando parte también de este triunfo y yo, que de siempre he sido de los de <strong>oro y púrpura</strong>, tengo así doble orgullo.</span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify; margin: 0pt;"><span style="font-family: Verdana;">Como mi amigo, ese es el único Juego de Hollywood al que he apuntado. </span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify; margin: 0pt;"> </p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify; margin: 0pt;"><span style="font-family: Verdana;">MAÑANA MÁS</span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify; margin: 0pt;"><span style="font-family: Verdana;"> </span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify; margin: 0pt;"><span style="font-family: Verdana;"> </span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify; margin: 0pt;"> </p>
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