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BLANCA NAVIDAD

Por jpgalan, 26 Diciembre 2011 12:31

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Cuando se ve por primera vez el Planeta de los Simios, la película que dirigió Franklin J. Schaffner (Papillon, Patton…), basada en la novela homónima de Pierre Boulle (quien también escribió El Puente sobre el Río kwai), es imposible no sobrecogerse con su espectacular y turbador final: el siempre magistral Charlton Heston (Taylor) clamando y maldiciendo en una idílica playa; y poco más se puede contar para no desvelarlo. Tendemos a pensar que, a fuerza de ser un clásico inexcusable, todo el mundo la ha visto.

No obstante, la historia en su totalidad, salvando los anacronismos que pueden apreciarse en una cinta que data de 1968 y, con las licencias que deben permitirse a todo relato de ciencia_ficción, resulta muy bien estructurada, en su desarrollo, y bastante sugerente, en su argumento:

Una nave espacial lanzada desde la Tierra se ve obligada a realizar un aterrizaje forzoso en un planeta desconocido. Al principio éste parece desértico, pero tiene atmósfera y un clima adecuados; repentinamente, la tripulación de la nave se ve envuelta en una cacería (espectacular escena) donde un grupo de seres de apariencia humana son hostigados por otros de rasgos simiescos que los apresan. A continuación se va desvelando que este planeta, está dominado por unos simios muy evolucionados y que tienen sometidos a los humanos, quienes no tienen capacidad de hablar. Así, se presenta esta sociedad altamente jerarquizada por razas: los chimpancés son científicos, los gorilas son guerreros, los orangutanes son políticos y sacerdotes, y los humanos, esclavos. En ella, Taylor (ya único superviviente) pasa a ser considerado un espécimen raro que unos quieren estudiar y otros, porque pone en crisis el dogma existente, sencillamente, eliminar.

Este año, en Huelva, la Navidad ha sido blanca y no de nieve. Ha aparecido otro blanco más sucio y lleno de impurezas. Predominante este color en la infinidad de bolsas de plástico que amanecieron en calles de nuestra ciudad y no fueron retiradas hasta bien entrada la tarde; todas ellas mezcladas con cristales, papeles, licor, orines, vómitos y otras historias.  Se ha convertido esto en una costumbre, que algunos reclaman elevar a categoría de tradición, de saltarse la ley (las autoridades) y el razonamiento (los autorizados), en fechas señaladas y en otras no tan marcadas (¡cómo si necesitaran excusas…!).

Nunca fue santo de mi devoción el mal llamado botellón. Participé en algunos contados en mi adolescencia pero, en ese tiempo no tan lejano, era algo que se hacía con cierta reserva y clandestinidad, nos íbamos por los cabezos y las penumbras. Después llegó Pablo Rada (y no sé qué medió para tal eclosión) y yo ya estaba en Sevilla, en la Universidad donde, en pleno campus había todos los viernes “barrilada” y varias veces al año “fiestas de la primavera” (aunque no tocara), hasta que algún rector con un par de güev… neuronas, dijo que la Uni no está para patrocinar borracheras sino conocimiento y eso se acabó (aunque después evolucionara a otras historias). Quizá no lo entienda porque siempre vi este fenómeno desde la distancia.

Pasé por La Merced a las dos de la mañana y ya la escasa policía se hallaba superada y apenas era capaz de evitar el colapso del tráfico. En el embotellamiento (el de tráfico, no el otro) voy observando personajes desfilando: tres chicos en mangas de camisa (con sus abrigos metidos en bolsas de plástico blanco a razón de 40º cada uno), una chica apenas capaz de andar, en plena lucha contra la alianza establecida en su contra por unas plataformas más altas que ella y una minifalda más corta que sus entendederas (me imagino cómo acabaría tras dos horas, cuando el alcohol ablandara su empeño…); todos ellos, supongo, salieron un rato antes de un lugar al que llaman casa donde habitan seres a los que llaman padres (o tutores…).  Doce horas después, recorro, sobrecogido y turbado, la plaza y sus alrededores después de la batalla y la desatención de los servicios de limpieza quienes, en una labor encomiable, suelen ocultar al alba tanta inmundicia, camuflada en la nocturnidad, para que a la generalidad de la población no se le caiga la venda de los ojos. Esta vez no ocurrió y debería haber un responsable que asumiera su culpa.

Al final, no sé si el hedor ya llegaba a la zona noble de la ciudad (donde esto, a buen seguro, no se consentiría) o algún político tuvo que bajarse él mismo del Audi (ya que el chófer estaba de permiso) a desenredar de sus bajos (los del coche) una bolsa de hielo; pero lo cierto es que, finalmente, el tema quedó enjuagado por la tarde.  Tampoco sé si la demora se debe a conflictividad laboral o a falta de pagos, pero, la verdad que, como ciudadano, no me importa (yo pago igual mis impuestos y subiendo…). Como persona, digo, merece mi total admiración cualquiera que esté trabajando mientras los demás estamos de fiesta y su labor, impagable.

Un hecho, por añadidura, preocupante es el arco de edades que vienen cubriendo los participantes de la piara, y que cada vez se abre más: desde los quince a los treinta años, unos por precoces, otros por “tiesos” y descerabrados. Y yo me pregunto: ¿qué han hecho los vecinos para merecer esto?

Se llegó hace años a la redacción de una Ley, que daba por sentado el fenómeno del botellón y condenaba a sus participantes, al exilio, al lazareto del apestado, a deambular por descampados de extrarradio (aunque en Huelva, los artistas de la planificación, los hayan dejado en la zona del puerto, con corte de tráfico de una de las avenidas principales de la ciudad incluido). Ello, sin entrar a valorar la raíz del problema y es que el alcohol está grabado a fuego en nuestra sociedad y tiene un valor específico importante en el PIB (de ahí que al vino se le llame ahora “alimento” y a las tabernas, “vinotecas”).

Por otro lado, puede que esta regulación mediocre (como la mayoría) no sea más que una manera de seguir manteniendo a la plebe en sus rediles. Al fin y al cabo, si estás borracho no te preocupas de pedir trabajo, vivienda o igualdad de oportunidades; y los más pánfilos se contentan con ganarle ridículas batallitas al sistema, como ensuciar la calle o romper cristales, mientras llevan toda la vida perdiendo la guerra.

Y en este planeta, los simios, sofisticados y dogmatizadores, pero simios, esclavizan a los humanos, quienes parecen haber perdido el habla y la voluntad.  ¿Quién dijo ciencia-ficción?

(Para ver fotos) http://huelva24.com/not/13489/el_dia_despues_/

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TESSA

Por jpgalan, 23 Junio 2009 10:57

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Hace unos días escuchaba por la radio al doctor Joan Massagué (Premio Príncipe de Asturias 2004) hablando, prudentemente, sobre los avances de sus investigaciones sobre la metástasis del cáncer.  El médico catalán que trabaja, como no, en Nueva York, forma parte del elenco de científicos, la mayoría desconocidos, que dedican su vida a intentar quitar a esa enfermedad el apellido mortal.

Mientras, en estos días, sigue su evolución la gripe, apellidada eufemísticamente, A.  Ésta, que ya no es noticia en los telediarios porque no está resultando mortal en los países desarrollados, sólo en los pobres, y esos no cuentan.  Mientras la enfermedad se extendía, la única preocupación del Gobierno mejicano, país donde arrancó la epidemia, era que no se la llamara gripe mejicana (para que no le jorobaran el tirón del turismo); de los productores de cerdo, que no se le llamara porcina para que la gente no dejara de comer cerdo y Estados Unidos, donde se desarrolló la enfermedad con mayor fuerza inicialmente, que no se le llamara americana, para no asociarla con ellos.  En fin, Poderoso caballero es Don Dinero, así que hemos dejado la A, que parece no molestar a nadie.  Pero el maldito bicho se sigue reproduciendo.

La semana pasada, se publicaba que la empresa farmacéutica suiza Novartis había conseguido elaborar una vacuna efectiva contra la gripe A (por cierto, Dª Trini Jiménez: ¿no servían las vacunas para la gripe convencional que ya teníamos?).  Pues bien, entonces sale la OMS, pidiendo a Novartis que reparta gratuitamente las nuevas vacunas en los países pobres y, claro, la empresa dijo que “por aquí”.

Cuando leí El Espía que Surgíó del Frío, de John Le Carré, hace años, recuerdo la terrible atracción que me causó la historia, la sencillez y precisión de la narracción, la personalidad afilada y rotunda de Leamas y el desconcertante final (la novela, claro está, tuvo su adaptación al cine, no muy conseguida, protagonizada por Richard Burton).  Más adelante traté de leer La Casa Rusia y confienso que es uno de los pocos libros que he dejado a medias porque me pareció todo lo contrario: se perdía en interminables descripciones y no pasaba nada, una vez transcurrido casi la mitad de la historia (mejor veamos la película, con Sean Connery y Michelle Pfeiffer). Después vino El Sastre de Panamá, que directamente vi en gran pantalla: una historia bastante más llevadera aunque no exenta de profundidad, con multitud de engaños y giros, dirigida en clave de comedia por el magnífico John Boorman y sacando lo mejor del trio protagonista (el histrionismo de Geoffrey Rush, la seducción y capacidad burlesca de Pierce Brosnan, haciendo del alter ego de su OO7 y la morbosa inocencia de Jamie Lee Curtis).

En El Jardinero Fiel (The Constant Gardener, 2005), el director brasileño Fernando Meirelles (Ciudad de Dios, A Ciegas) continúa en su línea de cine de denuncia y dirige la adaptación de la novela de este maestro de la intriga y el espionaje:  Un diplomático de segunda fila destinado en Kenya, Justin Quayle,  reconstruye la violenta muerte de su mujer Tessa, una atractiva y comprometida activista de los derechos humanos.
Ralph Fiennes, un actor que me parece que hace bien todo lo que toca (a ver cuando le dan ya el Oscar), desde su criminal nazi de La Lista de Schindler hasta el romántico aventurero de El Paciente Inglés, pasando por el acomplejado profesor concursante de Quiz Show o el asesino en serie de El Dragón Rojo); clava su personaje mientras que Rachel Weisz, quien obtuvo el Oscar por su papel protagonista, pasando la mitad de la película embarazada, con una interpretación llena de tanta dulzura como determinación, le da un magnífico contrapunto y se convierte, aun sin aparecer en pantalla, en el núcleo de esta tela de araña donde se mueve Justin entre otros personajes que la odian porque, a su pesar, la respetan o la envidian.
La película es la historia de una metamorfosis, la de Justin Quayle, el apocado e inofensivo amante de las plantas, quien vive en su invernadero aislado del mundo exterior de hambre y miseria que le rodea; hasta coger la bandera del compromiso que deja su mujer, a quien ama profundamente y respeta en sus convicciones al morir. avanzando en una peligrosa investigación para esclarecer la terrible muerte, con un final lleno de poesía de la crudeza.  También es la historia de los intereses de los gobiernos del primer mundo y las multinacionales en África, de la hipocresía y la corrupción, del cáncer más extendido en el mundo, la avaricia, y su metástasis, el hambre y sus miserias.

Como ejercicio de cine lo tiene todo: un magnífico guión, buenas interpretaciones, la fotografía de colores secos como raídos por el sol africano, momentos de tensión y dramáticos (sin incurrir en la sensiblería), la música maravillosa de nuestro español Alberto Iglesias (doblemente nominado a los Oscars y músico de cabecera de Almodóvar o Médem) y un montaje perfecto en clave de flashbacks. Aun a riesgo de desvelar algo de la trama, me quedo con el final, donde se alternan tomas de niños riendo y saltando entre basuras a cámara lenta con vistas del atardecer en el lago Turkana. Riqueza humana y natural, tan infravaloradas.

NOVARTIS está en su papel, no va a repartir gratis su vacuna, no es una ONG.  La OMS, ridícula, tanto como FAO, UNICEF, UNESCO, ECOSOC, Tribunal Internacional y, definitiva, la ONU (por lo hablar de su Consejo de Seguridad); organismos donde, junto a mucha gente que hace su trabajo y lucha por la solidaridad entre los pueblos, se encuentran sus dirigentes, grandes falsarios y demagogos, títeres y bufones de intereses económicos.  Compren ustedes esas patentes y repártanlas con … sus medios, que ya pagamos nosotros la cuenta.

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EL SHOW DE TRUMAN

Por jpgalan, 5 Junio 2009 0:35

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El Show de Truman (1998) presenta de manera original y brillante un universo de cartón piedra donde Truman Burbank (un sorprendente Jim Carrey que demuestra que es bastante más que un mal imitador de Jerry Lewis) desarrolla su vida, en un decorado gigante  (que tiene hasta cielo y atmósfera artifial propios) y donde todos los que le rodean son actores, a la vista de medio mundo que le sigue en directo y 24 horas al día a través de la tele, mediante una infinidad de cámaras ocultas, devorando publicidad directa e indirecta, en lo que es un reality show llevado al paroxismo.

La película dirigida con gran habilidad por el experimentado Peter Weir (El Año que Vivimos  Peligrosamente, El Club de los Poetas Muertos, Master and Commander…) a partir de un guión absolutamente sin desperdicio de Andrew Niccol (Gattaca, La Terminal…), plantea una trama de gran calado, con varios niveles (todos válidos) de interpretación que van desde lo más cómico hasta lo más profundamente trágico, poniendo sobre la mesa cuestiones sociales, morales y filosóficas que pueden dar lugar a un buen debate.

La televisión actual tiene bastante de la ideada por el productor del programa, Kristof (Ed Harris, como siempre bordándolo pero, por favor, que no vuelva a dirigir): Los programas donde vemos la vida de la gente abundan en todos los canales, la diferencia es que los actuantes saben que tienen cámaras delante (al menos Truman tenía una coartada).  Desde los más antinaturales como Gran Hermano, El Bus, La Granja, La Isla y demás variantes hasta los naturistas Callejeros, Andaluces por el mundo o España directo, pasando por los “mamá quiero ser artista” de Operaciones Triunfo, Famas y otras yerbas; todo el mundo quiere tener delante un micro y una cámara que cuente a los demás lo que son capaces de hacer, en su vida cotidiana o sometidos a algún tipo de tortura específca.

Yo esta noche me vi obligado a ver el programita de Antena 3  (¡El Secreto!) sobre un arquitecto de lujo que se toma unas vacaciones de su vida glamorosa en Seaheaven y pasa cinco días en la vida real que llevan muchos mortales.  A base de tanto anuncio por radio y TV, he sucumbido al marketing y he tenido que verlo: En cuanto me han nombrado trescientas doce veces la palabra “arquitecto”, he claudicado ante mi curiosidad.

Pues bien, nuestro “arquitecto de éxito” (lo repitieron hasta la saciedad) salió de su mansión de 1800 m2 en una urbanización exclusiva a las afueras de Madrid, aparcó su descapotable clásico y dejó su traje de corte italiano, para vivir unos días como voluntario social en diversas asociaciones que ayudan a enfermos de sida, personas mayores y gente sin techo.  A los cuales, dicho sea de paso ,se trata en el programa con el mayor de los respetos, cosa que yo, aunque huelgue decirlo, suscribo.

 No entiendo como este chaval se ha prestado a semejante circo.  Yo creo que nuestro Truman ha ido medio engañado, pensando que iba a ir de excursión de turismo activo (como esos campamentos donde van los urbanitas para ver animales de verdad, cómo se ordeña una vaca, hacer jabón con sosa y manteca de cerdo o distinguir una seta comestible de una venenosa (eso sí, sudando y todo); que iba a dar una vuelta de tuerca más al rastrillo de Pitita Ridruejo y la Condesa de Romanones o pillar una nueva idea para venderle a los jeques de Dubai: una especie de parque temático de la desgracia para implantar en una isla con forma de corazón-corazón; para encontrarse con una realidad mucho más cruda y que le superó en el primer asalto.  De esta forma nuestro Mr. Scrutch vive su propio Cuento de Navidad y, rescatando su conciencia enterrada en euros y petrodólares, termina sufriendo una metamorfosis que le despierta su vena benefactora y acaba repartiendo pisos y cheques a dos manos.

La cosa empezó bastante chunga: el colega hace un despliegue de medios increíbles enseñando su casa, dice que le agobia mucho ir a las obras y le fastidia que estén tan sucias, luego hace la maleta en su vestidor (creo que es donde se rodó el último anuncio de Heineken) mientras le comenta a su mujer que nunca ha viajado con tan poco equipaje (el trolly más grande que el que yo suelo llevar de viaje para una semana, pero de marca, claro está, no del Carrefour) y se cambia de ropa  (se quita el traje y se pone su uniforme “sport casual”, de Boss y Lacoste, por supuesto).  Sin embargo en cuanto se topa con la realidad se le va cambiando la cara (que al principio la tenía lisita y al final del programa ya le salen arrugas y todo): lo más gracioso es cuando lee en una tarjeta que le ha dejado el programa donde le comunican el dinero que le van dejar como dietas (tartamudea incapaz de creerse que debe vivir una semana con ¡45 euros!) y, para empezar con buen pie, va a una charcutería y pide un kilo de pechuga de pavo y otro de mortadela para hacerse unos bocatas para la cena (menos mal que entra en razón y “sólo” pide, finalmente, medio kilo de cada…).

No obstante el muchacho se muestra bastante sincero (no paran de saltársele las lágrimas) y parece que la experiencia le ha impactado profundamente.  Esperemos que le dure.  Desde luego valor ha tenido y eso no se lo quita nadie, más que muchos de nosotros, pero flaco favor ha hecho a los arquitectos que ya bastante mala prensa tenemos y, con la mala leche que se gastan por ahí, seguro que nadie se fija en el gesto solidario que este hombre ha tenido y se quedan con el cliché: un arquitecto es un tío amanerado y adinerado, con bastante sensibilidad y que vive fuera de la realidad (no teníamos ya suficiente con el chistecito del ingeniero y el decorador).

Podían haber cogido a un abogado, que alguno sentimental habrá …

 

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EL SILENCIO DE LOS CORDEROS

Por jpgalan, 3 Junio 2009 13:01

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La pasada semana, la recientemente reelegida Junta de Gobierno del Colegio de Arquitectos de Huelva, presentó y vio aprobadas sus cuentas del año pasado (por doce votos a favor, dos en contra y un puñado de abstenciones, si mal no recuerdo).
En estas cuentas, sagazmente silenciadas antes de las elecciones, entre otras perlas se reflejaba un déficit de 455.000 euros (de un presupuesto inicial de casi 2 millones), con una desviación de gasto importante en capítulos como gastos de órganos de gobierno, contenciosos, actividades culturales, teléfono y donativos, hábilmente compensados con reducción en material de oficina y primas de seguros (en total un defendible 5%).  No obstante, se reconoce la incapacidad de generar ingresos fuera de las aportaciones de los colegiados y llama la atención cómo, en diferentes partidas, la Junta de Gobierno nos cuesta casi 200.000 euros mientras que, por ejemplo, sólo se han empleado menos de 1.000 euros en ayudas a nuevos colegiados (tan traídos y llevados en la campaña electoral y que, una vez más, han inclinado la balanza a favor de la Junta que se volvía a presentar a la misma).
El acto, con todo, salvo la intervención airada de algún acólito del régimen, se desarrolló con ambiente cordial y de crítica sana y constructiva por parte de los asistentes y buen talante de la Junta.
En el presupuesto de 2.009, ya aprobado en diciembre pasado, con parecida concurrencia, se prevé una reducción del gasto de la Junta (ya que “se espera que se reduzca el número de actos y reuniones para este año”, en palabras del Tesorero) y se aumenta el gasto para nuevos colegiados a 1.800 euros.  ¡Todo un cambio!.

Mientras participaba en esta escena, el Barça ganaba la Champions y Huelva estaba en Bodegones, yo me acordaba de El Silencio de los Corderos:

En 1991, cinco Oscars en las categorías principales (película, dirección, actriz y actor principales y guión adaptado), refrendaron para la historia del cine el éxito de crítica y público de uno de los mejores thrillers jamás rodados.  La trama, basada en la novela inicialmente titulada El Silencio de los Inocentes (bestseller de Thomas Harris), descrita magistralmente por el director jonathan Demme (hasta entonces director de comedias como Algo Salvaje o Casada con Todos), relata la investigación para atrapar al serial killer Buffalo Bill, con un grado de tensión que va creciendo poco a poco hasta el extremo y una atmósfera asfixiante, destacando sobre todos, el duelo interpretativo del genial Anthony Hopkins en el papel del siquiatra canival Hannibal Lecter (papel rechazado por sangriento y oscuro por otros actores, como Jack Nicholson, Gene Hackman o Robert de Niro) y la novata aspirante a agente del FBI Clarice Starling (papel pensado para Michelle Pfeiffer, con quien Demme había rodado su anterior film, Casada con Todos). Un diseño de producción, de Kristi Zea, calculado al milímetro y con momentos geniales (la famosa máscara de Lecter, su celda, la escena de la crucifixión en la jaula), la dramática fotografía de Tak Fujimoto (esos increibles primeros planos) y la turbadora música de Howard Shore (dos Oscars por el score de la trilogía de El Señor de  los Anillo, El Aviador, Promesas del Este…), completan un conjunto de factura intachable.

En la escena que culmina la apasionante relación entre Hannibal  y Clarice, antes de Lecter que comience su plan de fuga matando mientras escucha las Variaciones Goldberg de Bach, el sicópata interroga con una penetrante mirada y voz seductora a la joven, quien ya incapaz de resistir la tortura sicológica a que la somete, confiesa el contenido de sus pesadillas a cambio de información crucial para el caso (quid pro quo):  Ella sigue, a menudo, recordando atormentada, como de pequeña, viviendo en la granja con sus tíos (era huérfana), comtempló un amanecer el sacrificio de los corderos lechales, esa escena escalofriante la sigue atormentando. Los chillidos de los corderos la despiertan en la noche. Ella intentó liberarlos, les abrió la puerta del redil, pero no salían, no escapaban, preferían seguir juntos esperando pasivamente.

Los arquitectos de Huelva, cuando nos juntamos unos pocos, todo lo más empezamos a chillar, aunque la mayor parte del tiempo guardamos el silencio de los corderos y, aunque la puerta esté abierta, ninguno de nosotros sale del redil, permanecemos dentro, anónimos, temerosos.  

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NO ES NADA PERSONAL, SON SOLO NEGOCIOS

Por jpgalan, 25 Mayo 2009 11:57

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La saga de EL PADRINO, esa inmensa trilogía que Francis Ford Coppola y Mario Puzo  idearon a partir de la, a mi juicio irregular, novela homónima de éste, nos ha dejado en la memoria, entre otros muchos  momentos de arte sublimes, frases célebres tales como LE HICE UNA OFERTA QUE NO PUDO RECHAZAR o NO ES NADA PERSONAL, SON SOLO NEGOCIOS.

La primera, acuñada por el maquiavélico y sanguinario Michael Corleone, supone que una nueva víctima ha sido extorsionada sin remisión ante la amenaza implacable de la Famiglia.

La segunda, cargada de cinismo en extremo,  sirve para autoaliviar la débil conciencia del gangster que la pronuncia excusando algún hecho reprobable dentro del código mafioso que justifica cualquier maniobra para conseguir imponer la voluntad del clan dentro de la maraña de corrupción, crimen y canivalismo moral en se desenvuelve.

Leyendo la propangada electoral de la candidatura El Compás y El Rosa (no, no es una errata, pero esto lo explicaré en otro post) me llamó bastante la atención una de sus propuestas-promesas: “Búsqueda permanente de nuevos nichos de mercado, en los que se desarrollen otras formas de ejercer la profesión”.  la cosa me dejó algo descuadrado, no me encajaba la expresión NICHOS DE MERCADO.  Hasta busqué el diccionario de la R.A.E. el palabro, a ver si tenía una acepción para mí desconocida y el ignorante era yo.  Así, se tiene: 

NICHO (Del it. ant. nicchio).

1. m. Concavidad en el espesor de un muro, para colocar en ella una estatua, un jarrón u otra cosa.

2. m. Concavidad formada para colocar algo; como las construcciones de los cementerios para colocar  los cadáveres.

Por fin, comprobado esto,  deduje que había sido una nueva metedura de pata o incongruencia más que, en el fondo, tampoco me extrañaba tanto viniendo de quien venía.

Sin embargo,  hace unos días ocurrió un hecho que me hizo acordarme de nuevo de lo anterior y replantearme la cuestión:  en un municipio de nuestra provincia, se ha estado desarrollando un concurso de arquitectura y, en la fase final, habían quedado, de entre otras, dos propuestas que el alcalde tenía desde hacía días encima de su mesa dudando y dudando.  la semana pasada parecía que la dicotomía se aclaraba y el regidor local declaró en círculos del Ayuntamiento que se iba a decidir por uno de los anteproyectos y así lo presentaría ante la mesa de contratación.  El rumor llegaba a oidos de nuestro Decano(?) y adalid de la arquitectura onubense y éste, recién revalidada su condición en la colecta de votos del pasado día 15, tuvo como una de sus primeras actuaciones presentarse en el despacho del alcalde (previa cita, claro) presionándolo para que cambiara su intención.  no sabemos qué argumentos tan convincentes se expresaron o si en la conversación se escuchó algo parecido a LE HARÉ UNA OFERTA QUE NO PODRÁ RECHAZAR o NO ES NADA PERSONAL, SON SOLO NEGOCIOS; pero sí es ya conocido que el alcalde cambió de parecer y el resultado es que un proyecto que tenía casi en la mano un arquitecto de Huelva, aún joven, con una cartera de encargos vacía (como tantos de nosotros, dadas las circustancias) terminará engrosando el zurrón de un potentado estudio de arquitectos de Sevilla.

Quizá ahora ya tienen sentido las rosadas promesas: convertir esto en un mercado y mandar a alguién al nicho (figuradamente, claro, que nadie se rasgue las vestiduras, por favor). 

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ROLLO TOMASI

Por jpgalan, 22 Mayo 2009 9:30

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En 1997, Curtis Hanson produjo, escribió y dirigió el film L.A. Confidential, una película de género, que recomiendo encarecidamente, basada en la novela negra homónima de James Ellroy (La Dalia Negra, El Gran Desierto, Réquiem por Brown, Sangre en la Luna, Jazz Blanco…).

El director alcanzó aquí el, hasta ahora, cénit de su carrera (que venía precedida de títulos notables como Malas Influencias, La Mano que Mece la Cuna o Río Salvaje, donde había demostrado sus dotes para manejar personajes oscuros y situaciones de suspense) y que con la que se quedó a las puertas de la gloria de los Oscars (finalmente obtuvo sólo dos estatuillas de entre las nueve a las que aspiraba) arrollada por la marea de Titanic, junto a Mejor Imposible o Full Monty, entre otras.  Luego cayó en una inexplicable decadencia que aún no cesa y de la que espero, por el bien del arte, pueda salir.

Se desarrolla con maestría esta compleja trama de mentiras, intereses creados y corrupción dentro del departamento de policía de Los Ángeles de los años 50:  tres policías del Cuerpo, inicialmente rivales pero con la honradez (más o menos ensuciada por el contaminado ambiente en el que se mueven) como rasgo común, investigan tres delitos, aparentemente inconexos y, poco a poco se ven envueltos en un remolino de mentiras, pruebas manipuladas, testimonios falsos y, en definitiva, corrupción;  que convergen en un mismo agujero negro.

Todo ello con giros espectaculares de guión  (oscar al mejor guión adaptado) y con el diseño de producción cuídadisimo de Jeanune Oppewall y al compás de la perfecta partitura  del maestro Jerry Goldsmith, un elenco de actores secundarios en estado de gracia ( desde Kevin Spacey, James Cromwell, Danny De Vito, David Strathairn… hasta la espectacular  y oscarizada por su papel, ACTRIZ Kim Bassinger) arropan a los entonces casi desconocidos Russell Crowe y Guy Pierce (¡olé por la dirección de casting!!), a lo largo de algo más de horas de suspense a la altura de los más grandes del género.

Con todo, a mí el personaje que más me apasiona de este film es ROLLO TOMASI, sin cara, sin registros y sin actor que lo interprete, pero de una importancia crucial en el desenlace de la trama.  En una escena memorable (una de tantas) los policías Ed Exley y Jack Vincennes (Pierce y Spacey) hablan sobre el caso y se sinceran:

- (Exley) ¿Por qué  te hiciste policía?

- (Vincennes, avergonzado) Ya no me acuerdo. ¿Y tú?

- (Exley) Rollo Tomasi.

A continuación le explica que ese es nombre ficiticio que le puso de pequeño al asesino, nunca capturado, de su padre (también policía).  Aquél era un ladrón de poca monta que, sorprendido in fraganti, asesinó al viejo poli y que siguió cometiendo fechorías toda su vida sin que lo pillaran.  Añade que se hizo policía para coger a los Rollo Tomasi de este mundo, los que siempre escapan, a los que nunca cogen, los que siempre se salen con la suya…

En mi mundo, en el nuestro, en Huelva o, quizá aún más cerca, vive un ROLLO TOMASI.  Nunca lo cogen y siempre se sale con la suya. Es mediocre y actúa entre las sombras, no a la luz, no de frente.

Y esto no sale del guión de una película… ocurre de verdad y cualquier parecido con la realidad, no es pura coincidencia.

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