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EL SILENCIO DE LOS CORDEROS

Por , 3 junio 2009 13:01

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La pasada semana, la recientemente reelegida Junta de Gobierno del Colegio de Arquitectos de Huelva, presentó y vio aprobadas sus cuentas del año pasado (por doce votos a favor, dos en contra y un puñado de abstenciones, si mal no recuerdo).
En estas cuentas, sagazmente silenciadas antes de las elecciones, entre otras perlas se reflejaba un déficit de 455.000 euros (de un presupuesto inicial de casi 2 millones), con una desviación de gasto importante en capítulos como gastos de órganos de gobierno, contenciosos, actividades culturales, teléfono y donativos, hábilmente compensados con reducción en material de oficina y primas de seguros (en total un defendible 5%).  No obstante, se reconoce la incapacidad de generar ingresos fuera de las aportaciones de los colegiados y llama la atención cómo, en diferentes partidas, la Junta de Gobierno nos cuesta casi 200.000 euros mientras que, por ejemplo, sólo se han empleado menos de 1.000 euros en ayudas a nuevos colegiados (tan traídos y llevados en la campaña electoral y que, una vez más, han inclinado la balanza a favor de la Junta que se volvía a presentar a la misma).
El acto, con todo, salvo la intervención airada de algún acólito del régimen, se desarrolló con ambiente cordial y de crítica sana y constructiva por parte de los asistentes y buen talante de la Junta.
En el presupuesto de 2.009, ya aprobado en diciembre pasado, con parecida concurrencia, se prevé una reducción del gasto de la Junta (ya que “se espera que se reduzca el número de actos y reuniones para este año”, en palabras del Tesorero) y se aumenta el gasto para nuevos colegiados a 1.800 euros.  ¡Todo un cambio!.

Mientras participaba en esta escena, el Barça ganaba la Champions y Huelva estaba en Bodegones, yo me acordaba de El Silencio de los Corderos:

En 1991, cinco Oscars en las categorías principales (película, dirección, actriz y actor principales y guión adaptado), refrendaron para la historia del cine el éxito de crítica y público de uno de los mejores thrillers jamás rodados.  La trama, basada en la novela inicialmente titulada El Silencio de los Inocentes (bestseller de Thomas Harris), descrita magistralmente por el director jonathan Demme (hasta entonces director de comedias como Algo Salvaje o Casada con Todos), relata la investigación para atrapar al serial killer Buffalo Bill, con un grado de tensión que va creciendo poco a poco hasta el extremo y una atmósfera asfixiante, destacando sobre todos, el duelo interpretativo del genial Anthony Hopkins en el papel del siquiatra canival Hannibal Lecter (papel rechazado por sangriento y oscuro por otros actores, como Jack Nicholson, Gene Hackman o Robert de Niro) y la novata aspirante a agente del FBI Clarice Starling (papel pensado para Michelle Pfeiffer, con quien Demme había rodado su anterior film, Casada con Todos). Un diseño de producción, de Kristi Zea, calculado al milímetro y con momentos geniales (la famosa máscara de Lecter, su celda, la escena de la crucifixión en la jaula), la dramática fotografía de Tak Fujimoto (esos increibles primeros planos) y la turbadora música de Howard Shore (dos Oscars por el score de la trilogía de El Señor de  los Anillo, El Aviador, Promesas del Este…), completan un conjunto de factura intachable.

En la escena que culmina la apasionante relación entre Hannibal  y Clarice, antes de Lecter que comience su plan de fuga matando mientras escucha las Variaciones Goldberg de Bach, el sicópata interroga con una penetrante mirada y voz seductora a la joven, quien ya incapaz de resistir la tortura sicológica a que la somete, confiesa el contenido de sus pesadillas a cambio de información crucial para el caso (quid pro quo):  Ella sigue, a menudo, recordando atormentada, como de pequeña, viviendo en la granja con sus tíos (era huérfana), comtempló un amanecer el sacrificio de los corderos lechales, esa escena escalofriante la sigue atormentando. Los chillidos de los corderos la despiertan en la noche. Ella intentó liberarlos, les abrió la puerta del redil, pero no salían, no escapaban, preferían seguir juntos esperando pasivamente.

Los arquitectos de Huelva, cuando nos juntamos unos pocos, todo lo más empezamos a chillar, aunque la mayor parte del tiempo guardamos el silencio de los corderos y, aunque la puerta esté abierta, ninguno de nosotros sale del redil, permanecemos dentro, anónimos, temerosos.  

MAÑANA MÁS

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