UNO DE LOS NUESTROS

Por , 28 julio 2009 17:44

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Después de 21 días de carrera, el domingo entró triunfador en París, por segunda vez, Alberto Contador. Este chaval de aspecto amable y despreocupado, ha tenido que lidiar con los kilómetros y las insidias de su “compañero” Lance Amstrong, campeón de campeones de la historia del Tour de Francia (su buen hacer y los controles antidoping fueron acabando con todos sus viejos rivales) y actual aspirante a reverdecer viejos laureles (no obstante su tercer puesto con 38 años tiene un gran mérito).Nuestro nuevo héroe nacional, tiene aún 26 años, por lo que se espera de él aún una larga trayectoria de éxitos.  Tiempo al tiempo, pero la prensa española ya se está precipitando, tan dada como es los extremos: lanza las campanas al vuelo (por ejemplo, nos íbamos a llevar de calle el invento ese de la Copa Confederaciones de fútbol) o entierra a nuestros campeones a la primera de cambio (por ejemplo, cómo se defenestró a Indurain porque no ganó su sexto Tour consecutivo y para encumbrar por parte de algunos intereses a Abraham Olano, un buen contrarrelojista y corredor de clásicas, pero un auténtico bluff para las grandes vueltas).
Ahora tendremos las típicas oleadas de nuevos entendidos del ciclismo, al calor de las victorias.  Recuerdo la época en que todos se volvieron aficionados a este deporte a través de los títulos de indurain y no tenían ni idea.  Los mismos que se borraron cuando el hombre tranquilo se retiró. Pero esto es así, el oportunismo es gratis y así hemos tenido recientemente mucha afición a la fórmula 1 (ya no tanta ahora que Alonso conduce un trasto) o en su día todos jugábamos al baloncesto a raíz de la plata de Los Angeles y la llegada de Fernando Martín a la NBA. Estas cosas se llevan al paroxismo a veces: recuerdo cuando, de repente y sin esperarlo casi nadie (los entendidos sólo, claro) Johann Muehlegg, el alemán nacionalizado en tiempo record y rebautizado “Juanito” por el propio Rey, ganó tres medallazas de oro en las Olimpiadas de invierno de Salt Lake City en 2.000 (dopado hasta las trancas, eso sí) y tuve en corazón en vilo una semana pensando que íbamos a tener las calles llenas de gente haciendo sky de fondo sobre ruedas como si esto fuera Finlandia en verano.
Laguía, Lejarreta, Arroyo o Alberto Fernández fueron mis primeras referencias en este deporte y, desde aquellos lejanos tiempos, vengo siguiendo las hazañas de estos héroes de gestas incruentas y de otros muchos cuyos nombres no pasaron a la Historia pero se sacrificaron dentro de este deporte tan cruel y extremo.
Mucha gente que lo ve desde fuera dice que el ciclismo es aburrido.  Comprendo que muchas etapas, esas llanas con final al sprint, resultan bastante previsibles aunque nunca las llamaría yo aburridas.  Muchos partidos de fútbol también lo son.  Sin embargo esas etapas de montaña, con el público apretando a los ciclistas desde las cunetas, incluso poniéndoles en riesgo llevados por la euforia… nada puede compararse a la emoción de un demarraje subiendo Alpe D´huez o el Mortirollo o los Lagos de Covadonga.
Me pareció admirable la forma de correr de Miguel Indurain, esa aparente facilidad, esa serenidad, esa sangre fria, ese señorío que siempre daba cuartel a sus rivales y esa elegancia.  Se fue en silencio, tal como llegó y se llevó una mano de Tours, sin molestar, casi pidiendo disculpas por ser un fuera de serie, dentro y fuera de la carretera.  A mí, por contra, siempre me hizo saltar más Pedro Delgado/Perico, un monstruo subiendo y un desastre en la estrategia.  Pudo haber ganado otros tantos Tours, si hubiera tenido mejores equipos y más cabeza, también algo de suerte, pero ¡cómo atacaba en cuanto se empinaba el asfalto!: Se dejaba caer a la cola del grupo, estudiando a sus rivales y si los veía maduritos, cambiaba y se ponía de pies; lo volvían a ver en la meta.
Ahora veo a Contador y recuerdo aquella forma de correr, sólo que éste además es bueno en la contrarreloj: puede ser otro Indurain. Ojalá.  El chico, además me cae bien personalmente, me recuerda a mi primo Pedro: moreno, canijo, simpático, cara y voz aniñada y nervio.
Ahora estamos bastante acostumbrados a ver españoles triunfando en el deporte y más de un número 1 en su especialidad es uno de los nuestros.  Lejos quedan ya esos tiempos en que cuando íbamos a los campeonatos a ver que pasaba y un español ganaba sólo fruto de muchos intentos o quedaba a las puertas barrido por la fatalidad y luego difícilmente se repetía (Bahamontes, Blume, Fernández Ochoa, Ocaña…). Ahora vamos hasta de favoritos (mala cosa, justo lo mejor para fracasar).
Uno de los Nuestros es el convincente título que se dio en España la película GoodFellas (se podría traducir buenos compinches o colegas), de Martin Scorsese (1990).  Segunda de la exitosa trilogía que el director neoyorkino dedicó (junto a Malas Calles y Casino) a la mafia italoamericana. En ella, basándose en hechos reales, Scorsese cuenta la historia de tres mafiosos, de distinto pelaje y que correrán distinta suerte a lo largo de la cinta, interpretados por Ray Liotta,en un buen papel protagonista y entonces un actor pujante, Robert De Niro y Joe Pesci (estos dos fijos junto al director en varias películas (Toro Salvaje, Casino…). La película cuenta con una gran ambientación, un montaje perfecto y un uso sorprendente de la cámara (que se plasman especialmente en las escenas en las que Henry Hill (Liotta) se mueve frenéticamente dentro de su paranoia cocainómana), así como grandes interpretaciones (Pesci, Oscar al mejor actor de reparto).  Los tres amigos intentan por todos los medios hacerse un hueco en la familia de cappos y llegar a ser considerado como “uno de los nuestros”.  Cómo no, Scorsese consiguió aquí dos de sus ocho nominaciones al Oscar (mejor dirección y mejor guión adaptado), que finalmente consiguió hace un par de años con todo merecimiento por Infiltrados (otra de mafia, pero irlandesa).  Eso sí, la película, al más puro Scorsese Style, es violenta, cruda, rozando la náusea  magníficamente narrada y visualmente impecable, con varios puntos álgidos y un final a tumba abierta.  Como una etapa reina del Tour de Francia.
Por su parte, Alberto Contador, ha conseguido otra vez hacer sonar el himno (aunque fuera el danés, qué vergüenza la organización…).  Menos mal que estaba ahí Esperanza Aguirre para “arreglarlo” y le tarareó el Hinmo (no tiene letra, qué le vamos a hacer…) al campeón a su vuelta a Madrid, con gran desatino y mayor desafino, como la peor versión de su moñegote.  No soporto a los políticos, mal llamados populistas, que van de campechanos y espontáneos sin serlo, parecen idiotas y nos lo hacen parecer a los demás.

Prefiero quedarme con que está en lo más alto Uno de los Nuestros.

MAÑANA MÁS

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5 Responses to “UNO DE LOS NUESTROS”

  1. jpgalan dice:

    Ahora también doña Espe cantando “Cumpleaños Feliz” a Rubalcaba… es como los niños pequeños, peor lo hace. Vamos camino de tener un disco completo de versiones de la Presidenta de temas populares y demás cancionero. Ya me temo un segundo disco de duetos con Ortega Cano, Paquirrín, César Cadaval y otro coral bufanda al cuello junto a la selección española con la canción del mundial del año que viene. Sencillamente de vergüenza ajena.

  2. pilar dice:

    No estoy de acuerdo con lo de “mal llamados populistas”, son populistas porque dan al pueblo lo que quieren, el problema está en ¿qué es lo que el pueblo espera de sus políticos? igual no nos tenemos que avergonzar de nuestros politicos, sino de los votantes.
    Nos queda ahí un ramalazo hispano romano de panem et circenses!

  3. jpgalan dice:

    A Pilar:
    Es cierto que los políticos populistas existen y eso debe hacernos pensar en la media intelectual de la población, porque el populismo se ha deformado hacia el borreguismo.
    Yo acepto el populismo, en el buen sentido de la palabra, la política extensiva, al alcance de cualquiera, pero intento ir más allá: muchos políticos (mal llamados populistas),en realidad, no dan al pueblo lo que quieren sino lo que desean, les distraen saciando sus necesidades básicas, casi sus instintos, mientras los mantienen hipnotizados para que no piensen si las cosas podrían ser mejores y vean que, en verdad, sólo les dan las migajas.
    Y otra cosa más: ¿quienes son “el pueblo”? ¿Quién nos ha definido y etiquetado? ¿La mayoría?

  4. Keiko dice:

    Como decía Unamuno: yo pertenezco al partido de un solo miembro. Si se apunta otro, yo me borro.

  5. pilar dice:

    Pues eso panem et circenses, pan y circo, como los romanos.No hemos cambiado mucho…
    El pueblo, la mayoria manejable?

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